INDIO SOLARI EN OLAVARRÍA

No me gustó cómo nos despedimos

Las tapas de los diarios deberían reflejar lo histórico de un músico argentino, pero la negligencia personal, social, empresarial y estatal se cobró dos vidas.

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Por Max Czajkowski – especial para 4MROCK.
Fotos: Andrés Arouxet – infoeme.com.

El periodista Alfredo Rosso, alguna vez, se refirió a los Redondos como “el Estado sustituto” del pueblo. Disuelto el Estado sustituto en el 2001, el “Indio” Solari cargó en sus espaldas con la delicada responsabilidad de perpetuar ese estado de gracia…

Hace casi 50 años los Rolling Stones soñaron con “una sociedad microcósmica” y llevaron en 1969 un masivo concierto con un final fatal. Hoy nos encontramos ante las puertas de una nueva tragedia en el rock nacional. 300 mil almas se trasladaron a una ciudad silenciosa para presenciar, tal vez, el último recital de Carlos Alberto Solari.

De Mar del Plata a Olavarría hay 304.6 kilómetros, unas tres horas y 20 minutos en auto en un ritmo normal. Sin embargo, la caravana de vehículos que copó la ruta 226 el sábado al mediodía se volvió tediosa. Para hacer dos kilómetros e ingresar a la ciudad se tardó dos horas y media. Un veneno paciente que no se bebió como una copa de lo mejor. 

Cansados, ansiosos para comenzar el peregrinaje, la previa de la misa india estuvo ¿bendecida? por la lluvia. Se pudo visualizar como siempre, los puestos de choris, hamburguesas, cervezas; gente que ofrecía el baño de su casa por $20 o te cargaban el celular por 15 minutos a $15. Los temas ricoteros sonaban en los estéreos y la gente empezaba a entrar en clima de recital.

Indio Solari

Un veneno paciente que no se
bebió como una copa de lo mejor.

Ya cerca de predio La Colmena, a un par de cuadras, se visualizaba la estructura lateral del megaescenario montado. Había que rodear el lugar, dirigirse hacía un semáforo y girar a la izquierda para encontrarse con las seis puertas de acceso. El ingreso fue tranquilo, alrededor de las 17:30, los controles de chequeo se llevaron con normalidad, corte de entrada y palpado. Por lo menos para quien escribe.

Pese al aguacero, el piso del predio se encontraba aceptable, había barro, pero no como el recordado show en Gualeguaychú en 2014. La infraestructura fue impactante. Un enorme escenario de nivel internacional se construyó con dos pantallas gigantes, cada una a los costados. Las gráficas desplegadas en telas hacían alusión a los 100 años de la revolución bolchevique; una ilustración con la imagen de Solari sin lentes y una estrella amarilla como punto de la letra “i” en la palabra Indio.

Faltaban horas para el inicio y se podía observar cuerpos tirados en el suelo. Algunos durmiendo para menguar la espera, otros inconscientes, por algún brebaje mágico, con vómitos alrededor. El raciocinio dijo que esos muchachos no iban a terminar feliz la velada.    

Indio Solari

EL ROCK COMO TODO LLANTO

Las luces se apagaron a las diez de la noche y comenzaron a sonar los tambores con la luna llena como testigo. El tsunami de gente se aglomeró en los primeros 50 metros, las banderas con diferentes leyendas flameaban en lo más alto. Las pieles se pusieron a flor de pile con la voz en off que le anunciaba a las damas y caballeros la presencia de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Los primeros acordes de Barba Azul vs. El Amor letal sonaron con un tempo diferente, mucho más rápido de lo habitual. El tema que iba a sonar en Tandil 2016 y fue interrumpido por una zapatilla que voló del público, abrió la noche que pintaba a ser histórica. Rápidamente se sumó Porco Rex, las pantallas y luces jugaron con un rojo vivo y las aguas ya no estuvieron serenas.

Le siguieron dos canciones del último disco de Solari, las potentes Arca Monster y Chau Moicano. Las primeras palabras del artista más convocante de la historia de la música local se escucharon: “Esto no pasa en ninguna parte del mundo. La convocatoria, el gran afecto. Sepan que no pasa en el mundo”, dijo mientras fue coreado por las golas efervescentes.

Indio Solari

Las babas del diablo pasaron por
Olavarría y no sólo musicalmente.

El Indio sacó de la manga uno de los temas emblemáticos de Patricio Rey y sus redonditos de ricota, “Ropa sucia”. Una de las frases más tatuadas y hechas banderas se coreó con la mirada apuntando el cielo “Vivir sólo cuesta vida”. Partiendo de ese punto, el recital cambió. Solari advirtió que algo pasaba con sus redonditos de abajo. La cosa no venía bien para algunos ricoteros. “Están pisando a una persona, no se puede levantar. Ayúdenlo, que alguien se haga cargo”, enfundó con rabia el cantante que detuvo el espectáculo e hizo prender las luces.

La incertidumbre se apoderó de todo el lugar. La gran mayoría nunca supo lo que ocurría. Se pensó que debía ser el mismo tumulto y sofocación que ocurre en cualquier show masivo de rock. Pero no, la vieja cosechera andaba vueltas por el aire. No hubo avalancha, técnicamente es imposible. Sí muchas personas comprimidas en la marea de cuerpos. La banda se fue del escenario y a los minutos retornó.

El héroe del whisky” sonó para volver a tomar ritmo de fiesta. No obstante, los problemas continuaron, la gente siguió desvaneciéndose sin tener la posibilidad de salir. Sin el mismo entusiasmo y fastidiado, el Indio manifestó “vamos a hacer un tema lento para que se tranquilicen” y cantó “Etiqueta Negra”.

Las babas del diablo pasaron por Olavarría y no sólo musicalmente. La noche se hizo mucho más oscura y el día no se vino en los corazones.  Las masas no se calmaban y fue ahí donde el Indio frenó el disturbio: “Si siguen empujando se termina”. Alguien de la producción agarró el micrófono y pidió que todos se “muevan dos metros para atrás”, así era posible sacar a los desmayados.

Las canciones del repertorio solista siguieron su trayectoria con un gran despliegue musical de los Fundamentalistas. Detrás de un gran cantante siempre hay grandes músicos. Sin embargo, los miles de espectadores simbolizaron a la perfección el tema “Pedía siempre temas en la radio y nunca los quería oír”. ¿Será que las interrupciones enfriaron al público? La inyección de adrenalina y nostalgia se sintió con “Esa estrella era mi lujo”, pero para esa altura, la noche había finalizado en las almas de muchos.

Vamos a recordar a un amigo”, dijo y Walter invadió la tierra con “Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia”.

Indio Solari

Siempre es un bálsamo escuchar las palabras de Solari que bajan hacia las masas en forma de abre latas e intenta dejar una huella de conciencia a los oyentes. Los puntos que remarcó fueron en ratificar la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y su búsqueda de los nietos desaparecidos. También llamó a la reflexión y la oposición por la baja de imputabilidad a menores de 14 años. “El Estado no debe ser penal”, sostuvo. Y no hubo mejor manera de cerrar sus dichos con “Todo preso es político”.

El crepúsculo del recital se vio embellecido con Flight 956, Charro Chino y To beef or no to beef.  La gente guardó energías para el pogo más grande mundo. Ji Ji Ji sonó y la tierra los círculos comenzaron a formarse. Los 300 mil fieles hicieron vibrar la tierra. Varios vivieron por primera vez el fenómeno forjado por los medios de comunicación y el propio cantante. Y cuando todos se predispusieron a retirarse, sonó “Mi perro Dinamita”, una gran sorpresa con un cierre a puro rockito.

Sin mediar palabras y ni un buen gesto, el Indio Solari se fue del escenario. Un final que no merecieron los paganos. Si fue el último, no gustó la despedida. El aire olió a azufre, no hubo esquirlas de fiesta.

Raros y confusos las caravanas de sombras zombies zigzagueando en la oscuridad se apresuraron para llegar a la salida mencionada por las pantallas. Sin embargo, la multitud se encontró con un bloqueo. La salida no fue la salida, sino una trampa que pudo ser mortal. Algunos se animaron a pensar en Cromañón o en la puerta 12 de River Plate…

Por suerte y más que suerte, los fieles en muletas, laburantes sin nombre, desangelados, pibitas rapaces; familias del camino se arreglaron “solos y de noche” para descomprimir el predio. La vuelta fue tranquila, pero extraña. ¿Quién tapeó la única salida si desde la producción se anunció otra cosa?

Alcanzada la madrugada, las sombras zombies se fueron caminando en zigzag por los mismos tres, seis o diez kilómetros por donde vinieron. Rotos, eufóricos y malparados, 300 mil almas regresaron del infierno con gusto a vino popular, cubiertos de barro y arropados por la noche. Los vi. Yo caminaba con ellos. Y no lo soñé.

Indio Solari

¿Y ÉSTE INSOMNIO DE QUIÉN ES?

De regreso al micro, comenzaron los rumores oscuros que confunden la cabeza y perturban a los corazones secos. Se habló de siete, diez muertos. Todos confundidos por la información que se leía en los celulares. Rápidamente se dio aviso a los familiares y amigos para dar señales de vida.

Desde estas líneas se podrá dar una breve reseña, crónica, vivencia de un show multitudinario que olía a leyenda. Las tapas de los diarios deberían reflejar lo histórico de un músico argentino, pero la negligencia personal, social, empresarial y estatal se cobró dos vidas. Podemos estar miles de horas debatiendo y apuntando con el dedo a los culpables, pero hay una cuota de responsabilidad en todos los protagonistas del circo. Juegan al primero yo y después al también yo.

Todavía resta saber las causas de las dos muertes. Todavía faltan pibes y pibas de sus hogares. Todavía hay medios hegemónicos que juegan con la máquina de picar carne. Todavía no se sabe si es el final de la carrera de Solari. Todavía hay quienes dan clases organización de eventos desde un sillón.  Todavía seguimos desamparados por el Estado. Todavía creemos en el Dios que baila y canta.

Ay! Ay! Ay! mis deseos de hoy…