ROCK MARPLATENSE

La Puntera: rock and roll y fiebre

El presente de la banda de los hermanos Arrúa y Fito Carrizo. Un trío que volvió a las pistas con nuevas canciones y poderosos riffs. “Pappo marcó el camino, fue un forjador de ilusiones, pero mi único ídolo es mi viejo”, enfatizó la voz líder.

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Por: Maxi Ibáñez.

Foto: Mara Sosti.

Un par de motos en la entrada al bar se roban todas las miradas. Ahí descansan las bestias motorizadas mientras sus dueños rompen la tensión de un día laboral entre charlas, cervezas y un  puñado de rocanroles que se apropian de la atmósfera. Una leve luz tenue no consigue robarle el protagonismo a la oscuridad que domina la escena frente al mar, pero que va de la mano con el lugar. Las mesas de pool que ocupan gran parte del espacio también tienen lo suyo, también describen el ambiente del Bar Hawaii.

Allí esperan los hermanos Arrúa. Gastón y Carla. Guitarrista (y cantante) y bajista de La Puntera, una banda con más de 15 años en la ruta del rock marplatense. Allí también, acompañado por su hija, aguarda Fito Carrizo (baterista). La tercera pata de un grupo que, después de varios cambios de formación, todavía sigue buscando su mejor versión. Allí reciben a 4MROCK para hablar del pasado, presente y futuro del poderoso trío.

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La Puntera nació en los 2000. Tan vertiginoso fue el comienzo que hasta el 2006 – cuentan – tocaron casi sin parar. “La formación arrancó con Miguel La Prieta en batería – comienza Gastón –, Alejandro Ferre (guitarra), Carla (bajo) y yo. Me acuerdo que debutamos en Vinoteca. Pero al tiempo empezaron los cambios: primero se fue Alejandro y quedamos como trío. Después siguió La Prieta en 2003 y ahí entró Melillo, un baterista de La Calavera, una banda marplatense de los 90. Estuvimos tres años a full, tocando en La Mula, Pepe Corcho, La Cueva y por todo Alem”.

Gastón cuenta que sus inicios en la música fueron en Vinoteca. Llegaba con su guitarra a las zapadas de los domingos – “incluso sin saber tocar muy bien que digamos”, reflexiona – y se prendía enseguida. “Una vuelta me acuerdo que subió un flaco al escenario y me preguntó en qué Sol estaba tocando. Yo, sin saber qué contestarle, pero haciéndole una quinta rabiosa, le dije: En ésta, confesó envuelto en una catarata de risas.

Carla también llegó a la música de la mano de su hermano. “Casi que me obligó a tocar el bajo”, susurró por lo bajo. “La hacía tocar la guitarra criolla al revés para que me acompañara con los bajos, así yo podía puntear. Cuando tocaba la guitarra solo, me aburría mucho”, intentó explicar Gastón entre miradas cruzadas y cómplices.

Tenía 15 años… tenía tempo, memoria… aprendió rápido. Yo tenía 19. Me acuerdo que le regalé un bajo y un equipo gracias a la plata que había cobrado por un buen laburo. Caí a casa, le dije que me acompañe a una casa de música y listo”, apuntó Gastón. “El tema era cuando no me salía algo que me pedía él, como todo hermano mayor se terminaba enojando. Después se le pasaba y seguíamos ensayando”, retrucó Carla.

Un tiempo antes de La Puntera, Gastón despuntaba el vicio de la guitarra con unos amigos del Colegio Nocturno al cual iba. Dos guitarras y una batería. “Ahora digo que era una cagada, porque no teníamos bajo, pero en aquel momento éramos felices haciendo temas de Hendrix”, comentó.

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DE VUELTA A LAS PISTAS

La banda tuvo su primer parate en 2006, cuando Carla quedó embarazada de mellizas: Tatiana y Guillermina. En aquel momento, en medio de otras partidas, Gastón quedó “solo”. “Por suerte apareció Fito en batería, también Quique Kessler (bajo). Grabamos un par de temas y volvimos a la ruta”, indicó distendido, con un vaso de cerveza en la mano y la tradicional gorra que lo acompaña día y noche. 

-Fito: Arrancamos en el Teatro San Martín. Tocamos temas de Pappo sin ensayarlos, pero sobre todo temas de La Puntera. Fue una cosa muy loca.

-Gastón: Después tocamos en La Mula, en Abbey Road con Lovorne, también en la Plaza de la Escuela Piloto… incluso grabamos algo que se puede encontrar en Youtube. Después paramos de vuelta porque Quique se fue a Buenos Aires y ahora que las nenas están grandes, Carla volvió a las pistas. Tiene un poco más de tiempo para ensayar y tocar… pensar que después del segundo ensayo salió la primera de las dos fechas que hicimos.

Esta nueva fecha que tendrá la banda – estiman que en el mes de mayo – será ni más ni menos que en el mismo lugar de la entrevista: “En Hawaii (Félix U. Camet y Cardiel) nos sentimos como en casa. Acá hay rock, motos… acá hay buena onda. Es un bar que vino a reemplazar el cierre y ampliación de otros bares. Es un lugar muy lindo para tocar, donde más nos divertimos”.

“Pappo marcó el camino,

fue un forjador de ilusiones”.

(Gastón Arrúa).

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EL REY SE HA MUERTO, PERO NO SE HA OLVIDADO 

Gastón cuenta que nunca dejó de componer, ni siquiera en medio de los parates de la banda. Sin titubear, suelta que es algo que le nace solo y explica: “No voy a filosofar en este momento, las canciones de La Puntera hablan de experiencias y anhelos de vida. Cosas que me pasaron y que me imagino. Soy simple”.

En este sentido toma protagonismo la figura Pappo, una de sus grandes influencias al momento de elegir hacer música y encarar el proyecto “Sucio y Desprolijo”, la banda que recuerda la obra de Norberto Napolitano (junto a Fito y Fernando “Tira” Arseni). A quien no toma como su ídolo, ni siquiera su referente: “Para mí fue y será un gran guitarrista”. 

-¿Por qué hacés esa diferencia? 

-No me gusta la palabra ídolo ni referente. Siempre lo digo, los ídolos y los referentes de cada ser humano deben ser sus padres, sus amigos… un ídolo no puede ser alguien que no sabés cómo es en persona, más allá de si juega bien a la pelota, maneja bien un auto o la rompe con la guitarra. Pappo para mí fue alguien que marcó el camino, es más, fue un forjador de ilusiones. Mi único ídolo es mi viejo.

-No hace mucho, Luciano (hijo de Pappo) habló muy bien del tributo “Sucio y Desprolijo”. En diálogo con nuestra web, los dejó muy bien parados… ¿qué te generó al enterarte de sus palabras? 

-Gastón: Nos generó mucha felicidad. En principio, fue una linda sorpresa. Una satisfacción, un reconocimiento. En su momento tuvimos un temita con el nombre que elegimos para llamar al tributo… Luciano nos había contado que le había entregado el nombre a una discográfica que le reeditó todos los discos al padre. Después de varias charlas, y hasta de pensar sacarle el “Tributo a Pappo”, porque había un tema judicial de por medio… también nos enojamos un poco. Pero cuando leí que Luciano había dicho “doy fe que hace 20 años que hacen temas de mi viejo” me hizo muy bien. Con ello avaló nuestro laburo, nos alivió.

“La Puntera se volvió

un proyecto familiar”.

(Fito Carrizo). 

-Fito: Yo tampoco tengo referentes. Solo le pido a Dios poder levantarme todas las mañanas para trabajar y tocar la batería. Y en mi caso, sin ser un ferviente admirador de Pappo, encaramos con el mayor de los respetos la obra de Norberto Napolitano. Una movilización filosófica muy grande, que marcó una época en el rock argentino, todavía hay pibes que lucen su rostro en una remera. Junto a Gastón y Tira tratamos de mantener vivo su legado, aportando nuestro granito de arena.

-¿Cómo es compartir una banda con hermanos? 

-Gastón: Está muy bueno, porque somos una familia abajo y arriba del escenario.

-Fito: Con Gastón lidio un poco, porque los dos tenemos personalidades muy fuertes. Yo soy más tranquilo, él es puro sentimiento. De todas maneras, disfruto mucho cuando empezamos a ensayar nuevas canciones y Carla empieza a hacer caras. Pero lo mejor de esto es que me llevo muy bien con su familia, es como que La Puntera se volvió un emprendimiento familiar.

No hace mucho, Sucio y Desprolijo se presentó en el Teatro Colón de Mar del Plata junto a la Banda Sinfónica Municipal. “Fue una experiencia alucinante. Les pasamos los temas y se los aprendieron sin problemas”, resumió Gastón. “Fue el encuentro de dos mundos. Por un lado, músicos con una formación increíble. Por el otro, músicos callejeros – nosotros – con mucha pasión”, concluyó Fito.

Integrantes

  • Gastón Arrúa – guitarra y voz
  • Carla Arrúa – bajo
  • Fito Carrizo – batería