HISTORIA DE VIDA

Wizard: la historia viva del metal marplatense

Del pibe que tocó por primera vez el bajo ante sus compañeros de escuela, al que supo formar parte de dos de las bandas más resonantes de la movida local – Thanathor y Greenhouse – y hasta traer a Mar del Plata a Hermética y Almafuerte en sus comienzos. Una charla de recuerdos, anécdotas y risas.

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Por: Maxi Ibáñez

Foto: Mara Sosti

La historia de Wizard. Una cronología en primera persona, desde los inicios del pibe que tocó por primera vez en público olvidándose de enchufar el bajo hasta el que marcó una era con Thanathor y Greenhouse y luego convenció a Ricardo Iorio – con quien después forjó una amistad – para que Hermética toque en Mar del Plata en sus primeros años de existencia, aún sin un disco en la calle. De las anécdotas con Pappo, su intento fallido por probar suerte en Estados Unidos a su actualidad en 1000 Odios y El Orbe Trío.

Más de 30 años en el mundo de la música respaldan la trayectoria de Ariel Álvarez, considerado como uno de los grandes referentes de la escena marplatense del heavy metal. Alguien que no solo dejó su huella arriba del escenario, sino también en la llegada de bandas históricas del género como Almafuerte, Horcas, Logos, Rata Blanca y tantas otras a Mar del Plata.

Un personaje sencillo, lejos de los aires de rockstar y con miles de recuerdos. Alguien que vivió desde adentro la mejor época del heavy metal marplatense y que hoy, a la distancia, admite que le hubiese gustado vivir en los 80 y 90 la misma camadería que hoy siente entre los músicos de la ciudad. Conózcanlo en este mano a mano con 4MROCK. 

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COMIENZOS

La primera vez que Wizard tocó el bajo en público – en formato trío – fue el sábado 2 de noviembre de 1985. Tenía 15 años y mucha curiosidad por el mundo de la música. “Fue en la casa de uno de mis compañeros del colegio. El proyecto se llamó Ícaro y tocamos apenas dos temas. Uno era un tema de David Lebón (“No confíes en tu suerte”) y lo toqué con toda la furia. Después tocamos otra canción que no recuerdo y terminamos al palo. Saludamos re contentos a los chicos que estaban escuchándonos y de pronto se me acerca un amigo, que en ese momento recién conocía: ‘Pibe, te olvidaste de enchufar el equipo’ (risas). Estaba tan metido, pero a la vez tan nervioso, que nunca escuché el bajo (más risas)”.

Ícaro solo duró esa noche.

Su segundo proyecto fue Max. “Ahí sí empezamos a ensayar en serio, tocamos una vez con Los Súper Ratonesque en ese momento se llamaban Los Ratones – en un Festival que se hizo en el Colegio Mariano Moreno”, soltó sobre la mesa como punto de partida de una de las tantas anécdotas que se anotó para contar.

“Nosotros, desde el principio, siempre nos mandamos cagadas. Resulta que había un cartel que decía ‘Los Ratones’ y uno de los guitarristas de nuestra banda agarró el cartel y se los tiró a los tres amigos nuestros que estaban en el público, que lo rompieron todo y saltaban de la alegría. Nadie lo podía creer, habrán pensado cualquier cosa de nosotros (más risas), pero éramos buenos pibes”, contó.

LA ERA THANATHOR

Mientras en la segunda mitad de la década del 80 sonaban con fuerza Némesis, Conan, Heikord y tantas otras bandas, después de Max llegó Thanathor, considerada – con el tiempo – como una de las más importantes de la escena metálica de Mar del Plata.

“Cuando arrancamos con Thanathor en el 87, nos planteamos una cosa diferente a lo que se hizo durante muchos años. No queríamos tocar más de una vez cada tres o cuatro meses en Mar del Plata, pero todos los meses teníamos que tocar en Buenos Aires. Ahí comenzamos a hacer contactos, a conocer a muchas bandas, entonces cada vez que hacíamos una fecha en Mar del Plata nos acompañaban distintas bandas y se armaban lindas noches de metal”, recordó nostálgico.

Para esa época, bandas como Cancerbero, Excálibur, Devastación, Nepal y Escabios eran habitués compañeros de escenarios. En este ida y vuelta generado por el simple hecho de apostar por la movida metálica en la ciudad, también dio con Ricardo Iorio, con quien forjó una amistad que perduró durante varios años, un tiempo antes del primer disco homónimo de Hermética.

“Con Thanathor nos planteamos

una cosa  diferente a lo que 

se hizo durante muchos años”.

-¿Cuánto duró Thanathor?

-La mitad de lo de Greenhouse (NdeR: la banda que formó después en los 90), pero hicimos el doble. Hasta el día de hoy, Thanathor es una de las bandas de culto para la gente de los 80. Tocamos por todo Buenos Aires y llegamos hasta Uruguay (Montevideo). Thanathor sería algo actual, metíamos 20 riffs en un tema, algo que para la época no era muy común.

Sin embargo, más allá de las innumerables presentaciones acá, allá y en todas partes, algo quedó pendiente en Wizard. “Me faltó grabar un disco. Si bien grabamos varios demos, en los 80 no era tan fácil grabar un disco. El primero fue en el 87 u 88, no recuerdo bien, que se llamó ‘Solitario en el camino’, después en el 89 ‘Mentes enfermas’ y ‘Obstinada hostilidad’ en el 92”, confesó.

LA APUESTA QUE NO FUE

Después de la grabación del tercer demo, los Thanathor se quisieron ir a vivir a Buenos Aires. Pensaban que la movida estaba allá, pero para Wizard estaban equivocados. “La posta estaba en Los Ángeles (Estados Unidos). Había que jugársela”, explicó con énfasis.

Según cuenta, en ese momento no era tan fácil de tramitar la VISA para ingresar a EEUU: “Yo tenía unos amigos viviendo allá, entonces en el 92 me la jugué y me fui con el violero de la banda para allá. Uno de mis amigos contrató a un ‘coyote’ para que nos haga pasar por la frontera. Primero fuimos a México DF, justo tocaba Testament y nos vimos un recital de la puta madre. Luego nos fuimos a Tijuana y como ahí estaba muy complicado para pasar, el ‘coyote’ nos iba a esperar en Mexicali. A todo esto, yo me había ido de Mar del Plata saludando a mi familia sin saber una fecha de vuelta. Lamentablemente, mi viejo estaba en silla de ruedas y fue muy dolorosa la despedida, pero yo iba detrás de mi sueño”.

“La cagada – continuó – fue que no pudimos llegar a Mexicali, porque cuando salimos del aeropuerto nos pidieron el pasaporte en inglés, imaginate, estábamos con campera de cuero y con el pelo largo. Les mostramos nuestro pasaporte argentino y, pese a que nos trataron re bien, nos deportaron. Lo peor es que, en el medio, el ‘coyote’ llamó a mi amigo en Estados Unidos para decirle que no nos había encontrado y mi amigo se comunicó con mi familia preguntando si nosotros habíamos viajado para allá y Elba, mi vieja, se volvió loca”.

El regreso no fue el esperado. Al pisar tierra marplatense, se encontró con que “la baterista de Thanathor había registrado el nombre de la banda como si fuera de ella” y que, al tiempo, grabaron un demo más ya sin su presencia.

Me parece que nunca tuvieron la idea de irse de la ciudad. Me enojé mucho, les hice la cruz, armé Greenhouse y les perdí el rastro. Sinceramente, me hubiese encantado grabar un disco con Thanathor, pero con todo lo que pasó evidentemente no tuvo que suceder. No es gente con la que tenía que estar”, dijo.

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DE MÚSICO A “PRODUCTOR”

Entre tantas experiencias e historias que ha cosechado, Wizard no olvida las veces que trajo a Hermética y Almafuerte a Mar del Plata. “Para la primera vez que traje a la ‘H’, que fue el debut de la banda en la ciudad, llamé a Ricardo (Iorio) y me dijo que me comunicara con Marcelo Tommy y arregláramos. El intercambio era que ellos vinieran para acá y nosotros les diéramos comida y alojamiento, para después hacer lo mismo en Buenos Aires. Sinceramente, me tiré el lance, porque si bien no tenían disco, Iorio era un ex V8 y ya tenía un nombre. Los demás eran desconocidos (Tano Romano, Claudio O’Connor y Claudio Trunz)”, recordó sobre la banda que tuvo una no muy larga trayectoria (1988 – 1994), pero se erigió como la banda más importante de la historia del heavy metal argentino.

Más de 20 personas llegué a albergar acá, en la casa de mi vieja. No solo vinieron los músicos, sino también sus novias, los plomos y sus amigos. Había colchones por todos lados, pero a Ricardo y su esposa Ana les di la pieza. Después dieron un show tremendo en el Refasí (Luro y Corrientes), la rompieron”, entonó.

“Todavía conservo el bajo Rickenbacker

que le compré a Iorio, es una reliquia”.

Lo que siguió fue un viaje a Buenos Aires en el que Ricardo lo tomó del hombro en su casa, lo sentó y le hizo escuchar las primeras melodías de lo que luego tomaría estado público como “Yo no lo haré”, la canción que cerró el disco homónimo de Hermética. “Aquella vez me contó que estaba escribiendo un lento, entonces agarró la guitarra, tiró un mi, un do y comenzó a silbarlo… al año siguiente sacaron el primer disco, me lo compré y terminó siendo la última canción. Fui un privilegiado”, recordó sonriente.

Wizard mantuvo una amistad con Ricardo durante un tiempo importante, hasta compartieron vacaciones en Mar del Plata. “Nunca perdimos la onda, incluso, Ricardo nos metió en el complicado trash argentino con Thanathor que salió en el 91 (NdeR: grabaron la canción “Mentes Enfermas”) y muchos años después en el homenaje a V8 con El Orbe Trío”, destacó sobre una de las voces más importantes del metal argentino que, entre sus tantos gestos para con él, está la vez que le vendió su bajo Rickenbacker a un precio ínfimo, en comparación a su valor real.

“Cuando traje por segunda vez a Almafuerte (NdeR: la primera vez fue en Vinoteca Perrier y la tercera en GO) me pidió que le hiciera la prueba de sonido en Cabo Suelto. ‘Te lo vendo’, me dijo. No podía creer lo que tenía en mis manos. Se lo compré, obvio, pero al valor que yo podía. Todavía lo conservo, es una reliquia”, contextualizó.

LA ETAPA DE GREENHOUSE

Mirá lo que serán las vueltas de la vida, que cuando Iorio formó Almafuerte yo formé Greenhouse y volví a traerlo por primera, segunda y tercera vez con su nueva banda”, dijo sobre la banda marplatense que duró hasta el 98 y del 2003 en adelante comenzó a reunirse esporádicamente.

Muchos ubican a Greenhouse como otra de las bandas más resonantes del heavy metal marplatense. “En esa época fue la primera vez que nos cruzamos con Oscar Castro (ex Lethal)”, interrumpió y siguió: “En este proyecto traté de hacer algo parecido a lo de Thanathor, pero ya no podía ir siempre a Buenos Aires porque laburaba en el Puerto y tenía que cumplir horarios. Íbamos cuando podíamos, Malón y Almafuerte habían empezado a crecer mucho y ya no era tan fácil el contacto”. De todas maneras, supo traer a Rata Blanca, Animal, Logos y Horcas, entre otras.

Greenhouse se separó en el 98 al convertirse en la primera banda de Trash Metal que tocó en el Festival de la Juventud que tuvo epicentro en Las Toscas.

-¿Los 90 fueron los años dorados de la movida metalera de Mar del Plata?

-Los 80 y los 90. Sin embargo, siempre entre las bandas de la ciudad hubo cierto roce y no se ayudaron tanto. En mi caso, ayudé a muchos y nunca me dijeron ni gracias. Hice tocar a muchas bandas con Hermética, llevé otras a Buenos Aires… ahora por suerte veo que hay más unión entre las bandas.

Después llegó el turno de armar Genoma a fines de los 90, de tocar en Undercomic – una banda que no hacía heavy – y posteriormente El Orbe Trío. “Cuando me llamó Mario, un maestro de la guitarra, a quien seguía de cuando era pibe e iba a ver a Némesis, no lo podía creer. Por suerte, hasta el día de hoy seguimos tocando juntos, del 99 en adelante”, confesó el hombre que, amén de su pasión por la música, también se dedica al Judo.

Hace cinco años ingresó en 1000 Odios.

FIESTA CON PAPPO

En la época de Thanathor, Wizard vivió una anécdota imperdible con el inolvidable Carpo: “Allá por los 90, como ahora pasa en Alem, Yrigoyen o Constitución, se paraba en un lugar donde había dos despensas importantes y se vendía alcohol toda la noche, en Gascón entre Arenales y Lamadrid. Una vuelta, éramos más de 50 personas y de un auto bajó Pappo con una chica. Todos nos fuimos a buscarlo, lo abrazamos y charlamos un rato largo. Nos contó que había alquilado una casa para descansar unos días y nos invitó a ir a tomar algo ahí. Compramos más cerveza, nos subimos a su auto y encaramos para allá. Eso sí, nos dijo que sólo él ponía música. Éramos 50 en su casa: pasó de todo, de verdad hasta hubo un par de piñas inolvidables”.

A los dos meses lo volví a ver a Pappo acá en Mar del Plata. En ese momento tenía mucho más pelo y se acordó de mí: ‘Vos estuviste en la fiesta que hice en mi casa’. Charlamos un rato y después no nos vimos nunca más. Pensar que en la fiesta habíamos quedado en que se iba copar en grabar algún tema con Thanathor o subir a tocar alguna canción en algún show, que si bien no era su estilo musical ya había tocado con V8. Lástima que nunca se concretó”, cerró la anécdota.

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HERENCIA FAMILIAR

Bien podría decir Wizard que su acercamiento a la música viene de sangre. Su abuelo, Simón Álvarez, llegó a ser sesionista de Gardel en un show del club Racing de Avellaneda. “Hasta hizo famoso a Antonio Tormo, que grabó un tema (“Amémonos”) que le pertenecía y lo inmortalizó como autor anónimo.

Hoy disfruta de su hijo de tres años que dice empezar a transitar el camino de la música, de su mujer, su familia y sus amigos. Con El Orbe Trío y con 1000 Odios. Con ambos proyectos está camino a lanzar y grabar – respectivamente – nuevas canciones. En ambos lados se siente querido, respetado y con la ilusión de no bajarse jamás de la ruta del heavy metal.

Integrantes

  • El Orbe Trío: junto a Mario Orbe (guitarra) y Scoccimarro (batería)
  • 1000 Odios: junto a Mayra (voz) Niko (guitarra) Tío (guitarra) y Nahuel (batería)