OPINIÓN

Abuso sexual, machismo y rocanrol

Existe una tendencia justificadora hacia los ídolos del rock involucrados en casos de violencia de género y abuso de poder porque alguna vez vibramos con sus canciones o hicimos pogo en su recital. A partir de esto, se me generan muchos interrogantes pero principalmente me pregunto hasta dónde podemos hacer la vista gorda y cuánto estamos dispuestos a perdonarles. Es tiempo de replantearnos quiénes son nuestros ídolos y por qué.

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Por: Milagros Pandolfo
“…Hoy es una noche chabonardi 
hagamos carambola y pongámonos a cantar 
dejemos a las brujas por un lado 
que entre nosotros no hay desigualdad. 
Hoy solo sobra testosterona 
y brilla fuerte la terquedad 
el costado más sensible lo mandamos a guardar 
y un buen culo en la tele a festejar…”.
Extractos de la letra “Los machos”.
Auténticos Decadentes, Irrompibles (2010).

En mayo de este año, Andrés Ciro Martínez sufrió un robo en su casa de Ciudad Jardín e hizo su descargo ante las cámaras de televisión de esta forma: “Se llevaron cosas insólitas: una plancha de cubiertos, una cafetera y una tostadora. Debe haber sido una mujer”.

Comentarios desacertados como el del ex vocalista de Los Piojos no son solo un chiste sin gracia, son el reflejo de un pensamiento machista y clasista que pone en evidencia el lugar que ocupa la mujer en el imaginario de su mentecilla de rockstar. Su percepción misógina sobre la taxonomía femenina no le permite despegarse la rancia apreciación “mujer-madre-amadecasa-grupie-puta”. No sólo no reconoció el carácter ofensivo de sus declaraciones sino que se dio el lujo de componer un tema sobre el asunto. El líder de Ciro y los Persas atrasa 50 años.

“Es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger. Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente. Si yo tengo algo bueno para darte puedo desvirgarte como nadie en el mundo. A mí hablame de cómo te sentís y te entiendo, pero si me hablás de los derechos no te escucho porque no creo en las leyes de los hombres, sí en las de la naturaleza.”

Gustavo Cordera está al borde del juicio oral por sus nefastas declaraciones en el marco de una charla en la escuela TEA Arte de Buenos Aires en 2016. Es extremadamente peligroso que el tipo que supo movilizar a la monada rockera noventosa al mando de La Bersuit Vergarabat incite a la violación y plantee a las mujeres y niñas como seres incompetentes, sin capacidad de decisión sobre su vida sexual. Poco tiempo después de pronunciarse de esta forma, invitó a mujeres a subir al escenario durante un recital suyo para toquetearlas. No existe reflexión alguna de su parte, aún sostiene que fue descontextualizado y malinterpretado por sus interlocutores.

Otro que todavía niega las denuncias es Cristian Aldana, ex vocalista de El otro yo, detenido en la cárcel de Carlos Paz por delitos de abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores, tras la violación de por lo menos siete chicas de entre 13 y 16 años.

También José Miguel del Popolo, cantante de La ola que quería ser chau, procesado por abuso sexual agravado por acceso carnal, negó todos los delitos que se le imputaron.

En 1997, Ciro Pertusi, líder por ese entonces de Ataque 77, defendía el consentimiento sexual de las menores de edad en la revista Los Inrockuptibles cuando lo consultaron respecto al tema Páginas pegadas y recién en estos días hace ruido: “Esa canción tiene dos aspectos. Por un lado, hace referencia a la invasión sexual en la televisión, y por el otro dice que a tipos como yo les gustan las nenitas, me hago cargo, no tengo drama. (…) Me hago cargo de mi gusto y de mi vicio. Me da un poco de bronca tener que andar cuidándome: te pueden meter en cana. Pero me di cuenta de que las chicas no tienen drama. (…) He vivido buenos amores platónicos con chicas de siete años, cosas muy lindas, de vernos y tener deseos el uno del otro. (…) Es posible una relación entre un hombre grande y una nenita. Pasa que se creen que uno es un degenerado, piensan: ‘Este hijo de puta lo que quiere es agarrar y sentarse a la nena encima’. Yo no me engancho en esa, excepto si está todo claro y la nena viene y quiere hacerlo. Si lo quiere hacer y me vuelve loco con eso, lo va a lograr”.

Son los personajes como Mario Pergolini, empresarios del ámbito rock, quienes salen en los medios a bancar este tipo de atrocidades, descreen de las víctimas cuando toman el coraje de denunciar y apoyan abiertamente a los abusadores. Tenemos el deber como comunicadores de dejar de reproducir estereotipos machistas. Validar “las dos campanas” es no reconocer la situación de abuso de poder que una parte está ejerciendo sobre la otra.

El ex CQC se rehúsa a abandonar esa posición de “rebelde”, especie de chico malo border decrépito y, a pesar de la ola de reclamos de mujeres, entiende en el abusador la figura del más débil. Lo que no estaría contemplando es que no existe rebeldía en su acción, no hace otra cosa que seguir la norma: la tendencia de respaldar al macho e identificarse con él, tal como hizo en Vorterix con Santiago Aysine, líder de Salta la Banca, quien fue escrachado vía Twitter por seguidoras de la banda a quienes forzó a besarlo y las manoseó. Pergolini respaldó al vocalista tildando a las mujeres de despechadas.

A veces me cuesta creer que de verdad hay seres tan carentes de reflexión que creen que una mujer busca ascender a la fama por exponerse al relato de una violación. ¿Tienen acaso una ínfima idea de lo que significa ser abusado sexualmente?

A raíz de esos escraches, varias mujeres se animaron a denunciar a través de las redes sociales a Gustavo Fiocchi, guitarrista de Los Utopians, quien les enviaba fotos subidas de tono y las acosaba virtualmente, aun cuando estas eran menores de edad. El músico reconoció los hechos y pidió disculpas públicas. A pesar de compartir una amistad y una década de trayectoria junto a Fiocchi, la cantante Barbie Recanti, decidió no hacer oídos sordos de la situación y desafectarlo de la banda, posicionándose en el lugar “de mujer antes que música” e instando al público en general a “pararse del lado de las pibas”.

Este es sólo un breve recuento de los casos de abusos en el rock nacional que han trascendido en los últimos tiempos, sabemos que la violencia de género adopta variadas formas y que son muchísimas las mujeres que no se animan a denunciar. Se trata de algo que sucedió toda la vida pero ya no se tolera. Estos abusos no constituyen rarezas o casos aislados, son parte de una olla a punto de ebullición de un líquido putrefacto que se desborda porque ya no se puede contener.  Y es un avance de un movimiento de mujeres organizadas y en lucha para que no se vulnere un derecho más, hay absoluto estado de alerta, reflejo de una sociedad que ya no se va a callar.

BANDA DE MINITAS

Desde los 16 años voy a recitales y me considero aficionada del rock nacional pero desde que tomé conciencia de género y me reconocí feminista noté que prácticamente sólo seguía músicos masculinos. Tomé distancia para ver la poca cantidad de mujeres que veo en la primera del rock doméstico; el poco espacio que ocupan en los festivales; la rara vez que veo bandas con integrantes femeninas invitadas como soporte de bandas consagradas; la poca cobertura de los medios sobre su arte, constantemente asociado con su aspecto físico y vida sexual.

Hoy abrí muchísimo mi espectro musical y descubrí artistas maravillosas, con conceptos nuevos y frescos. A pesar de ello, cuando suenan en reuniones con amigos en ocasiones es común escuchar con cierto desprecio que “son bandas de minita”.

¿Qué significa que una banda sea “de minita”? ¿Por qué es un concepto peyorativo en sí mismo? ¿Por qué se presupone que la música hecha por mujeres no es rock? ¿Por qué se considera que las mujeres hacen “música de mujeres” mientras los hombres hacen música popular?

Todos estos interrogantes son síntoma de que falta conciencia de género. No basta con autoconvencerse de que uno no es machista o aseverar que “no todos los hombres son iguales”. Involúcrense, hablen con mujeres acerca de cómo se sienten en situaciones cotidianas, lean teorías de género, abran su cabeza a las problemáticas de mujeres y trans, empatizen, escuchen bandas de mujeres. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de terminar con el prejuicio, entre todxs hacemos el rock mejor.