COBERTURA

Ciro, Los Persas y un carnaval de candombe y distorsión  

La banda del excantante de Los Piojos visitó Mar del Plata una vez más para presentar las canciones de “Naranja Persa”, su último disco, y sacar a relucir algunos de los clásicos de todas sus épocas.

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Por: Leo Llona

Foto: Mara Sosti

Ciro y Los Persas visitó Mar del Plata el último sábado 27 de enero para presentar su más reciente laburo discográfico en el Polideportivo Islas Malvinas y desplegar parte de la interminable lista de clásicos que lleva sobre la espalda.

El exfrontman de Los Piojos tocó con su banda alrededor de tres horas, en las que puso a todo el mundo a varios centímetros del suelo y sorprendió con invitados que se prendieron a la fiesta y se movieron como en su casa.

Desde temprano la esquina de Independencia y Juan B. Justo se llenó de banderas piojosas, canciones, amigos y tatuajes. El ritual empezó temprano, la fila se hizo larga y los últimos en entrar fueron testigos de una lluvia que les sacudió con todo en los minutos previos al show.

“Van a hablar,
a quererte embalsamar,
zarpaditos de ocasión”
.

(Banda de garage – Ciro y los Persas)

Eran alrededor de las diez y cuarto de la noche cuando la fila de vientos de Los Persas dio el pie para que la banda completa salga al escenario. Un riff de viola sonando en LA abrió “Banda de garage” y el Polideportivo estalló en un pogo que aceleró de 0 a 100 en pocos segundos.

“Taxi boy” fue el paso siguiente para empezar a calentar los motores piojosos y meterle rock and roll al asunto. Después la banda zapó las bases de “Pistolas”, “Tan solo” y otros clásicos, y Ciro saludó al público presentando ahí el inicio oficial del show. Salieron con todo y pegaron de frente como una topadora.

Pocos temas más tarde bajaron las revoluciones para mostrar su lado más nostálgico y emotivo con un tema que hizo saltar lágrimas por todos lados. El violero Juan Ábalos se sentó en las teclas y los demás Persas dejaron el escenario. Él y Ciro hicieron una versión de “Canción de cuna” que inundó el estadio de coros sentidos, ojos vidriosos y pantallas de celulares.

Después el Polideportivo se vistió de gala para recibir a un invitado muy especial. Los amantes de Los Piojos reventaron de alegría cuando el mítico Micky Rodríguez apareció en el escenario y se colgó el bajo.

“En la noche serena
siempre hay un nubarrón
uno busca problemas
para ir sumándolos”.

(Fijate – Los Piojos)

Sonó la primera nota del inconfundible intro de “Tan solo” y el lugar estalló en aplausos. Estaban los dos ahí, en el escenario, juntos, tocando y riéndose como siempre. El tiempo para ellos no había pasado. Parecía que nada podía mejorar el momento e inmediatamente llegó la segunda sorpresa. Esta vez, todavía más emotiva: se pusieron a hablar entre ellos y Ciro agitó: “¿tienen ganas de que Miguelito les cante una canción?“.

Afuera el cielo se caía a pedazos cuando todos aplaudieron y él retrucó: “vamos a hacer una de Romeo Santos”. Micky arrancó a cantar “Fijate” y todo el mundo se volvió loco. Las banderas flameaban y un coro al unísono se rindió a sus pies.

La luz que entraba por las ventanas del Poli alternaba destellos blancos, azules y violetas por la tormenta que reventaba las chapas y el eterno bajista de Los Piojos cantaba con el público uno de los temas más hermosos de la banda. “Muchas gracias, lo quiero mucho”, cerró Miguelito. 

“Un mercader compró tu vida
y la vendió en los barrios bajos”.

(Genius – Los Piojos)

El rock más volado volvió a tomar las riendas del show con una seguidilla de temas que se dispararon con una ametralladora: “Caminando”, “Como Ali,” “Antes y después”, “Genius” y “Juira!” hicieron que todos en el campo se pusieran a saltar y agitar con una tremenda alegría.

“Les quiero presentar a un amigo que conocí hace poco, recíbanlo con un fuerte aplauso”, batió Ciro y presentó al músico y actor Benjamín Amadeo. Juntos hicieron “Marado” y “Me gusta”, metiendo en el medio un fragmento acústico de “Aquella solitaria vaca cubana”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que Amadeo interpretó con una viola acústica.

“Puedo ser tu más certero servidor,
y después el peor criminal”.

(Servidor – Ciro y los Persas)

“Servidor” fue una fiesta y Broder Bastos se lució con un solo de bajo que duró varios minutos y le voló la peluca a la última cabeza de la bandeja más alta de la platea. Fue arrollador pero con mucho swing, fiel al estilo del bajista que lleva la base de los Persas desde el minuto 0 de la formación.

Al momento de “Pacífico”, un clásico piojoso de la última época, Micky volvió al escenario y acompañó a su amigo. Después vinieron “Mírenla”, “Toaster (Give me back)” y el cantante anunció una novedad: “Ya tenemos casi listo Naranja Persa Dos, que la rompe”, adelantó. “Falta grabar un par de pavadas y terminar alguna letra, esperamos que para marzo ya esté en las bateas de tu disquería preferida”.

Emiliano Brancciari, cantante y violero de NTVG, fue otro de los invitados de la noche. El músico uruguayo acompañó a Los Persas en guitarra y voz para hacer “Insisto”, uno de los temas que forman parte del álbum “Espejos” (2010).

“Dale tus ojos rojos para que baile,
para que baile siempre
el gran corazón”.

(El balneario de los doctores crotos – Los Piojos)

Después de unos segundos de silencio y oscuridad, Los Persas y Micky Rodríguez (ahora con una viola) aparecieron en el escenario con pelucas de colores vaticinando que se venía el carnaval. “El Farolito” fue el primero de un largo enganche de temas que se sucedieron con zapadas e improvisaciones guiadas por la voz y la armónica de quien show a show demuestra por qué es uno de los frontmans más potentes de nuestro rock.

En la zapada siguieron “El balneario de los doctores crotos”, “muévelo” y “cruel”, fueron más de 10 minutos de vértigo y alegría, donde hubo espacio para que cada músico gane el centro de la escena y se mande un solo instrumental del carajo.

“Con el rayo yo me iré,
pero siempre volveré
a buscarte”.

(Noche de hoy – Ciro y los Persas)

La última piña del show fue “Noche de hoy”, otro de los temas del primer álbum de Ciro con su actual formación. Eran alrededor de la 1:15 cuando Los Persas se despidieron saludando a las banderas y abandonaron el escenario.

El lugar se fue vaciando de a poco y la gente se retiró con la alegría y la nostalgia de haber visto a uno de los cantantes y compositores más afilados que tenemos en nuestro rock. Un tipo que se come el escenario bailando de punta a punta, guiando a la banda con armónicas, violas y maracas.

Ciro y Los Persas es, sin dudas, una experiencia que hay que vivir. Seas o no amante de Los Piojos o seguidor de su carrera solista, vale la pena compartir una noche en la que todo es alegría, candombe y distorsión.