DAVID LEBÓN

“Lo que la música me ha dado es un regalo impagable”

El legendario músico visitó Mar del Plata en el marco de la gira de presentación de su último disco, “Encuentro supremo”. En la previa del concierto que dio en Roxy-Radio City habló con 4MROCK sobre su presente, su pasado y los motores que lo llevan siempre hacia adelante.

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Por: Lea Llona
Fotos: Luciana Verini.

David Lebón es una de las piezas fundamentales del rock argentino y forma parte de la columna vertebral de nuestra cultura desde la segunda mitad del siglo pasado a esta parte. Estuvo en bandas como Pescado Rabioso, Polifemo y Serú Girán, compartió escenario con Pappo, Charly García, Spinetta y Black Amaya, entre otros históricos de estas cinco décadas.

La gira que lo trajo a Mar del Plata lleva el nombre de su último trabajo de estudio: “Encuentro supremo”. El disco habla sobre el presente de un artista que, según cuenta, está parado en uno de los momentos más felices y cómodos de su vida.

“Esto nunca fue pensado, 
hubo algo que debía entregar”.

(Encuentro Supremo)

“Siento que llegué a un punto en el que mi vida cambió para bien. Entre mis hijos, mis nietos, mi señora, mis hermanas y la gente que me quiere y que quiero mucho. Tengo un sentimiento muy distinto a otras épocas, estoy feliz”, dijo el músico en charla con 4MROCK.

“Yo también estoy cambiado, obviamente, y estoy llegando a un lugar que me gusta mucho. Tengo 65 años, estoy tranquilo. Veo para adelante y no está nublado, está limpio, despejado, eso es importante. Qué se yo, la verdad que cumplir años está bueno, me está gustando”, dijo entre risas.

“Por eso te vas y hay algo
de bueno en tus ojos”.

(Laura va – Luis Alberto Spinetta)

 

-“Encuentro Supremo” es un disco con 12 canciones, todas de tu autoría excepto la última, que trae al presente la figura del Flaco Spinetta. La canción número doce es una versión de “Laura va”, ¿por qué elegiste ese tema para cerrar el álbum?

-Siempre quise grabar ese tema pero nunca lo había hecho por vergüenza. Con Luis éramos (y somos) muy amigos, lo respetaba mucho por todo lo que era él como persona, no solamente por el impresionante músico que siempre fue, sino por el ser maravilloso que era. Así que por ese respeto y todo, nunca me parecía que era el momento de grabarlo. La verdad que cuando él se fue yo estaba por empezar a hacer el disco y me pareció que todo cerraba como para hacerlo. En algún punto fue una presión porque sabía que me estaba mirando, pero fue fantástico.

La vida y obra de David Lebón es variada, analizando sus años de carrera pueden verse varias versiones de un mismo tipo que siempre se reinventó manteniendo la esencia más profunda de su arte como hilo conductor.

“Por la viola tengo un amor
especial, muy especial”.

Dueño de una guitarra poderosa y una voz inconfundible, puede vérselo haciendo riffs rabiosos o poniéndole alma y voz a canciones de una sutileza  y sensibilidad notables, como “San Francisco y le lobo” o “Parado en el medio de la vida”.

-Cuando empezaste con todo esto, ¿cuáles fueron tus influencias, qué músicos y violeros te volaron la cabeza? 

-Tuve la suerte, sin querer, por supuesto, de estar en Estados Unidos justo cuando salieron y explotaron los Beatles. Así que fue como que cambió todo lo que había escuchado y lo que iba a escuchar de ahí en más. Yo le decía a mi vieja “No sé lo que es eso, pero yo quiero ser así, quiero ser uno de esos”. Y ella me ayudó mucho, veía que le ponía empeño a eso y que estudiaba todos los días, hacía los deberes, entonces bueno. Un día llegó el regalo: la guitarra con un equipito. Y ahí empecé a hinchar las bolas hasta hoy, nunca paré (risas). Después mucho Hendrix, Zappa, violeros eléctricos y acústicos todo. Siempre me gustó la música en general pero por la viola tengo un amor especial, muy especial…

“HAY ALGUIEN ADENTRO MÍO QUE SABE MÁS QUE YO”.

La guitarra de Lebón es versátil y precisa. Se formó con el instrumento de todas las formas posibles, curtiendo diferentes palos, estudiando, buscándole la vuelta solo y codeándose con amigos que mantuvieron siempre a la viola en lo más alto de nuestro rock.

David cuenta que cuando toca no está solo, no es su cerebro el que guía los dedos sino que hay algo más. “Hay alguien adentro mío que sabe más que yo”, dice. “Cuando trato de concentrarme, enfocarme y racionalizar al 100% en lo que quiero hacer, sin lugar a dudas me equivoco. Trato de que fluya, cuanto más me dejo llevar y más disfruto lo que estoy haciendo, mejor sale. O al menos eso me parece a mí, qué se yo (risas)”.

-¿Hubo algún momento en el que sentiste que realmente estabas bien encaminado y que lo que estabas haciendo podía llegar a estar copado? 

-Creo que siempre, porque siempre fui sincero con lo que hacía. Siempre busqué y traté de hacer la mejor canción posible, sonar lo mejor posible. Y no porque sea un genio o un iluminado por alguna especie de fuerza, más bien todo lo contrario, soy tan simple que posiblemente todo esto de la guitarra haya entrado en mí pero porque yo lo busqué. Siempre trabajé para ser mejor, aunque no me gusta trabajar. Pero es necesario para sonar bien. Me falta mucho todavía, tengo muchas cosas para cambiar y aprender, no es tan fácil, no es de un día para el otro, pero está bueno porque uno le pone empeño a las cosas y después las disfruta más. Te podés relajar, tocar y disfrutar lo que estás haciendo. Y siempre fue así, siempre lo disfruté y supe que al ser sincero para mí, lo que hacía estaba copado. Eso lo aprendí de Luis: él me enseñó a ser yo mismo y a confiar en que lo que estaba haciendo era la mejor canción que podía hacer en ese momento.

El rock argentino cumplió 50 años desde la primera semilla de su germen hasta hoy y en el medio pasaron centenares de bandas y solistas. Algunos dejaron huellas imborrables y otros pasaron más desapercibidos, pero lo cierto es que hay una lista de próceres a los que se les debe respeto y lealtad.

Los primeros rocanroles en nuestra lengua se gestaron en Buenos Aires. El blues porteño de Manal, la poesía de Almendra, la viola de Pappo y la catarata de canciones de Serú Girán son una parte del legado que recibimos los más jóvenes. David Lebón forma parte de esa oleada de músicos que subieron los amplificadores al mango en épocas en la que era complicado ser joven, libre, músico y artista.

 “¿Te acuerdas del tipo que rompía las guitarras
cuando nadie tenía un miserable amplificador?”.

(Mientras miro las nuevas olas – Serú Girán)

-Vos estabas en el rock argentino incluso antes de que lo llamemos así, ¿cómo ves a la música y el rock nuestro en la actualidad? Desde la movida, desde lo artístico e incluso desde las facilidades que pueden haber en el día de hoy para publicar lo que uno hace. 

-Es como una corriente de agua: está todo bien y es lindo verla correr, pero siempre depende de dónde nos lleve. Yo estoy contento con lo que está pasando hasta ahora, estoy bien, estoy feliz, por lo menos conmigo y la banda. Estoy contento también con otros personajes de nuestro rock como puede ser Divididos y otros grupos que son fuertes y van a quedar el tiempo necesario en nuestra historia y nuestra cultura. Creo que todo viene bien, pero hay mucha facilidad ahora, cosa que antes no había. Ahora se puede grabar y hacer todo lo que a nosotros nos costó muchísimo llegar a hacer, y sin ánimo de parecer un viejo resentido ni nada, simplemente lo que pido es: hagan buenas bandas, hagan Serú Girán, hagan Pescado, hagan armonías, buenos solos, buenos bateristas, buenos bajistas.

“Estamos muy fuertes como banda y
estamos muy felices de tocar juntos”.

 -Posiblemente a tus 10, 15 o 20 años hubieses embargado tu vida por recibir un consejo de Hendrix o George Harrison para encarar la vida que querías llevar, ¿qué le dirías hoy, con tu experiencia, a los pibes que empiezan?

-Que trabajen. Que cuando vayan a subir a un escenario no piensen que van a jugar o a buscar chicas, el escenario es un lugar sagrado, no es cualquier cosa. La gente va a estar mirándote y esperan lo mejor de vos. Quieren ver qué es lo mejor que les podés dar. Lo único que les puedo tirar como dato es eso: trabajar mucho. Y a mí no me gusta trabajar, por eso soy músico, le esquivo al laburo (risas). Pero resulta que con los años me di cuenta que para ser músico hay que trabajar. Por supuesto que todo depende de lo que vos quieras hacer o a dónde querés llegar. Si tu idea es tocar en bares, andar de gira de noche y conquistar chicas, todo bien. Pero igual está bueno sonar bien. A mí me daría mucha vergüenza no poder tocar una canción que quiero tocar o saber que está sonando mal, para eso prefiero no estar en la música.  

-Viendo tus shows, pareciera que hubieses encontrado una banda con la que te sentís cómodo y disfrutás de tocar en vivo. Pasaste por muchísimas formaciones y varias fueron realmente épicas, ¿cómo te sentís hoy con el grupo de músicos que te acompañan? 

-¡Feliz! Amo mi banda, amo los ensayos, los conciertos, todo. En nuestros shows tratamos de estar siempre contentos. Estamos muy fuertes como banda y estamos muy felices de tocar juntos, estamos muy a lo banda de barrio, de garaje. Realmente lo estamos haciendo bien y yo estoy muy, muy contento.

Vaya donde vaya, la figura de David Lebón es reconocida como la de un histórico guerrero del rock argentino. Sus temas son himnos y se cantan como tales. El público entero (sin importad edad) corea sus letras y se emociona al verlo brillar con la viola y con la voz.

-¿Qué sentís en el encuentro con tu público? 

-Yo me siento en casa. En Argentina entera, voy a Tucumán, a Mendoza, a San Juan, a Mar del Plata, Buenos Aires, en todos lados estoy en casa. Mi casa es el escenario, no el lugar físico donde yo duermo, vivo y todo eso, sino en el escenario. Es el lugar donde me puedo relajar realmente y disfrutar. Me encanta tener tantos amigos, que a pesar de que no nos conozcamos somos amigos de la vida, de la música y del amor. Lo que la música me ha dado es un regalo impagable.


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