ENTREVISTA

“Mis partituras fueron los discos”

Claudio “Tano” Marciello sigue girando por el país llevando los temas de CTM, su más reciente laburo de estudio, a diferentes provincias y escenarios. Desde su infancia, Almafuerte y su formación actual, 4MROCK propone un mano a mano jugoso con uno de los violeros más reconocidos del país.

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Por: Leo Llona

Foto: Mara Sosti

Claudio “Tano” Marciello es, sin dudas, uno de los guitarristas más respetados en el rock y la música popular argentina. Dueño de un estilo propio que tiene al rock y al metal como principal bandera, el “Tano” sabe llevar sus melodías por rieles que tienen tintes folclóricos, criollos y tangueros, incorporando además pasajes de flamenco y armonías clásicas de todos los tiempos.

Su guitarra es fácilmente reconocible tanto en la discografía de Almafuerte y sus discos solistas como en aquellas canciones de otros artistas en las que ha participado poniendo sus cuerdas y corazón.

La banda que lo acompaña en los últimos siete años está formada por Melina Marciello -su hija- en batería, Leandro Radaelli en bajo y Pablo Marciello -primo del histórico violero – en teclados.

Corría el año 2011 cuando Claudio bajó la escalera que daba al sótano de su casa con la viola al hombro y decidió sumarse a la zapada que llevaban a cabo Melina y Leandro para jugar un rato e interactuar, como los músicos de sangre saben hacer.

“Zapar es diversión, intuición
e interacción”.

“En esa época Melina y Leo se juntaban en un sótano que tengo en mi casa, un lugar que fue lugar de reunión de infinidades de músicos durante muchos años”, recordó el Tano en charla con 4MROCK. “Cada uno tenía su banda, pero los miércoles habían quedado de acuerdo en juntarse a zapar, tocaban el bajo y la batería y yo de arriba escuchaba todo. Así que un día bajé con la guitarra y nos pusimos a zapar”.

-¿Qué fue lo primero que surgió tocar en esos encuentros?

-Al principio nos pusimos a zapar tocando temas de Pappo, Vox Dei, Pescado Rabioso, de todo el mundo. Después con me di cuenta de que ellos conocían mis canciones así que empezamos a tocar a modo de diversión. Zapar es diversión, intuición e interacción. Vos agarrás un instrumento e interactúas con el otro tocando por intuición. Así que empezamos a hacer los temas míos y, como yo estaba un poco parado en ese momento con los conciertos solistas, se me ocurrió llamar a Pablo Marciello, que es mi primo. Él, además de ser un gran tecladista, es una de esas personas que se divierte sacando solos de viola con el teclado. Así que lo invité y vino. Después la cosa empezó a sonar como suenan estos dos discos que grabé con ellos, que son Rock directo y CTM, que significa Claudio Tano Marciello.

En diciembre de ese mismo año la banda del “Tano” salió a tocar y dio su primera presentación en La Trastienda. En 2013 vio la luz lo que fue el primer disco grabado con esa formación, pese a que ya había compartido cintas con Melina en tres temas del disco Identificado.

A partir de ese momento la banda empezó a girar por el país llevando sus canciones junto con otros temas del repertorio del Tano a diferentes provincias y escenarios. “Después llegó el momento en que se produjo esta incertidumbre con Almafuerte, donde Ricardo salió con su banda solista y cada uno empezó a hacer sus cosas”, explicó.

“No sabía cuál había sido la determinación de Ricardo hasta que me junté con él en un concierto que dio en Flores y ahí pude conversar. No hay una disolución definitiva pero él quería seguir un poco con lo que estaba haciendo así que yo también encaré lo mío y me metí de lleno con el próximo disco”, manifestó ante 4MROCK.

CTM es un disco con canciones potentes, armónicas y laburadas. La huella y el pulso del Tano aparecen en cada pasaje de guitarra y se nota el sello inconfundible de uno de los violeros más importantes que dio nuestro país.

-¿Cómo fue el proceso de grabación del disco?

-Cuando me decidí a grabarlo ya venía tocando con Melina, Pablo y Leo así que en ese sentido fue todo muy fácil. Los tres son grandes músicos y son muy buenos también a la hora de interpretar las canciones. El disco se armó en enero de 2017 y ahí nos pusimos a ensayar los temas, Melina era la más informada de todo porque convivió durante todo el proceso prácticamente en la misma propiedad, imagínate que yo vivo en la planta baja y ella en la planta alta así que estamos muy cerca (risas). El técnico de grabación fue Facundo Rodríguez, que es sin dudas uno de los más grandes que tenemos en la Argentina y fue el primer técnico en mi vida que se acercó a un ensayo a escuchar la banda. Vino, escuchó, se llevó todo grabado y dijo que en seis días iba a estar el disco. Y no le erró. Lo mezcló todo y lo mandó a masterizar a Londres, a un lugar en donde tiene un colega. La pareció que era buena idea mandar el material ahí y bueno, así fue, quedó buenísimo.

“Estoy muy contento con lo
que es la tapa y arte del disco”.

El arte de tapa del disco representa una capa de cuero oscuro, dice CTM en el centro y el nombre de Claudio “Tano” Marciello escrito en rojo arriba y abajo. Las letras del logo tienen adentro la figura de la pala de una guitarra y aparecen también unas líneas representando a las cuerdas.

Estoy muy contento con lo que es la tapa y arte del disco”, comentó el “Tano”. “Pude trabajar con gente que no conocía y que aportó materiales muy buenos en lo que es la gráfica. La textura del cartón que se utilizó, el efecto de cuero y el detalle de que aparezca la forma de la guitarra en las tres iniciales del logo con las líneas me gustó mucho y me sigue gustando. Quedó un muy buen laburo”, dijo.

La letra del tema “Abriendo caminos” la compuso Melina Marciello y es ella quien le puso voz a la canción para la grabación del disco. La parte musical la compusieron entre los dos, pero fue ella quien entonó la estrofas frente al micrófono.

“Cuando llegó el momento de grabar le dije ‘mirá hija, yo canto lo que escribo, así que me parece que tendrías que cantarlo vos al tema’. Yo conocía esa facete de ella que es muy buena, así que me pareció oportuno que cantara en el disco”, contó.

-También compartís un tema con Pablo, tu primo…

-Exactamente, se llama “Gratitud”, es el tema que cierra el disco. Es el único que es instrumental y viene de haber encontrado un archivo en un grabadorcito digital que llevo constantemente conmigo por si aparece alguna melodía o alguna base que me gusta. Resulta que el sótano donde nos juntábamos a tocar tuvo un problema en las napas de agua y tuvimos que sacar los instrumentos de ahí así que armamos otra sala acá en San Justo. El día que nos juntamos, Pablo y yo fuimos los primeros en llegar así que le dije, medio en joda y medio en serio: “enchufá y toquemos, los primeros sonidos que van a sonar en esta sala van a ser tu teclado y mi guitarra”. Entonces apreté el botón de grabar, él empezó a tocar unos acordes y yo, como todo guitarrista, empecé a solear y puntear arriba. Quedó eso registrado ahí y cuando estábamos terminando el disco, revisando grabaciones, apareció esa improvisación. Así que hubo que darle forma y redondear algunas cosas y salió una canción que para mí es de las instrumentales más hermosas que hice.

-¿Cómo se dio la participación de Ricardo Mollo en CTM?

-Un día recibí una llamada suya y me dice “Tano, me enteré que andás con un disco abajo del brazo, quiero saber de qué se trata”. Así que le comenté un poco cuál era la historia y me dijo “Te arrebato un tema, quiero participar”. Así que hicimos un ensayo con la banda y le mandé todos los temas, cuando vino al estudio se puso a cantar y lo tuvimos que parar porque empezó a calentar las válvulas con la garganta (risas). Es un gran músico, un gran violero y una gran persona. Así que quedó una canción, que es el segundo track del disco, que se llama “Aquí”. En ese tema canta Ricardo, después compartimos los dos las voces en una canción que se llama “Las palabras”. Esa fue idea de Facundo. Tiene pedazos en los que canta él y otros en los que canto yo, la verdad que fue una gran idea.

EL TANO, LA MÚSICA Y EL PRINCIPIO DE LAS VIOLAS

De pibe, Claudio recorría el barrio con su guitarra viendo ir y venir a su hermano mayor y otros músicos de la zona yéndose a ensayar a la casa de alguno o escuchando discos en un rincón. Según cuenta, en su casa nunca le faltó nada pero él igual se las rebuscaba haciendo algunas changas para ir al quiosco y comprar esas cuerdas Campana que hacían que su guitarra criolla sonara como él quería.

Tenía tres o cuatro años cuando su viejo se quedó sin laburo empezó a buscar alternativas para seguir encargándose de que a la familia no le faltara nada, mientras se las rebuscaba además para pagar las cuotas del crédito de la casa en la que vivían. Manejó un camión, repartió gaseosas e hizo otros trabajos hasta que se le ocurrió poner una disquería en su casa.

“Mi viejo puso una disquería
cuando yo tenía 4 años”.

“Mi viejo puso una disquería cuando yo tenía 4 años”, recuerda el “Tano” y agrega: “La puso acá en mi casa, que es una esquina en el barrio que vivo de toda la vida.  Mi hermano mayor, que era Pablo Marciello (o Pablo Blues, como le decíamos en el barrio), se metía cuando no estaba mi papá y ponía discos de Creedence, los Beatles, Oscar Alemán, de todo el mundo. Artistas como Sandro, música italiana, cantoletas, música de películas, las agrupaciones del momento. Escuchábamos realmente de todo”.

-¿Y hubo un momento en el que decidiste que tu camino musical era el del rock?

-En determinado momento llegamos a la etapa en donde mi hermano ya venía con información rockera porque él también tocaba y, como estaba bastante crecido, venía escuchando toda esa música y  trayendo data de afuera. A partir de él conocí, allá por los 70, conocía Jimi Hendrix, Black Sabbath, Deep Purple, Pappo, El Reloj, Pescado Rabioso. Ya ahí fue un descontrol, ahí la guitarra empezó a tomar otro rumbo para mí.

¿Tu primera viola te llega por tu hermano?

-Me encantaban las guitarras y estudiaba tocando de oído. En un determinado momento mi abuela materna me propuso que si yo pasaba cuarto grado me compraba una guitarra. Yo iba a repetir y no sé cómo fue que la maestra me tuvo consideración y me hizo tocar la guitarra en el examen porque sabía que yo a eso le dedicaba empeño. Me dijo “Mirá, vos en la escuela andás muy mal, pero la verdad que es admirable que un pibe como vos haya aprendido sin haber estudiado, así que vas a pasar de grado”. Llegué a casa y lo primero que hice fue decirle a mi vieja que llame a la nona para que me compre la guitarra. Así que me compró una criolla y fue mi prima guitarra propia, después obviamente le pedía la eléctrica prestada a mi hermano para hacer un poco más de ruido. Mis primeros acordes salieron de una criolla, me los pasó mi hermano, y después a partir de ahí empezó todo lo que habrás escuchado de mí.

“APRENDÍ SIEMPRE CON LA OREJA”

La oreja, las horas y el amor por el instrumento fue lo que hizo que el Tano pudiera aprender a tocar y convertirse, con los años, en uno de los mejores violeros que la Argentina entera ha dado. Según cuenta, rayaba los discos de tanto escuchar los solos de viola y tuvo por primera equipo a un viejo combinado al que le conectaba unos cables para poder sacar el sonido de la guitarra.

“Aprendí siempre con la oreja, soy autodidacta y mis partituras fueron los discos, después los casetes, después los CDs, y así. Escuchaba los temas y tocaba arriba. Rayaba los surcos de tanto escuchar lo mismo, así que le ponía una moneda arriba del brazo del combinado para que leyera mejor los temas para poder seguir sacando los solos, los acordes, todo”, cuenta.

Siendo chico y viendo cómo su padre se deslomaba para que a la familia no le faltase nada, el Tano iba a los talleres y obras del barrio a rebuscárselas para ganarse un mango para comprar sus propias cuerdas y tener lo suyo.

“El hecho de encerrarte horas con el
instrumento es una forma de estudio”.

Después de ir a la escuela y hacer alguna changa para mantener la viola y tratar de comprarse su primer equipo eléctrico, se quedaba hasta altas horas de la noche junto al instrumento practicando y sacando sus primeras melodías.

“Si venía algún guitarrista en la televisión lo miraba atento y trataba de que me quedaran cosas registradas de cómo iba tocando, qué hacía, dónde ponía las manos. Entonces después yo trataba de hacer lo mismo. El hecho de encerrarte horas con el instrumento es una forma de estudio. Uno lo hace por pasión, por amor y por placer, pero es una forma de estudiar y aprender”, desliza.

-¿Te acordás cuál fue el primer violero que te cautivó o te voló la cabeza?

-El sonido de Santana me volvió loco, Oscar Aleman. Me impactó mucho Johnny Winter: el más blanco del blues y el más violento del rock and roll” (risas). Después Van Halen, el tipo apareció y torció el rumbo de la guitarra para siempre, le dio un volantazo a todo, igual que Hendrix. Vos escuchás la viola de Van Halen en cualquier tema y sabés que es él, no hay forma de no darse cuenta que es él, incluso si otro violero agarra una frase de Van Halen y la mete en un tema alguien le va a decir “eh loco, eso es Van Halen”, porque el tipo tiene un estilo que es clarísimo.

-Algo parecido a lo que pasa con Santana, no solamente por el sonido, sino por las melodías, los solos, el estilo…

-Exactamente. Santana es único, lo escuchas y no hay forma de no darse cuenta que es el tipo ese tocando. Y a mí me gusta ir por ese viaje, tratar de tener un estilo y que mis cosas, por más de que no sean iguales, tengan algo que te haga decir “este es el Tano tocando la viola”. A mí los rankings, ser el mejor del mundo y esas cosas nunca me importaron, a mí me encanta cuando alguien me llama y me dice “Che Tano, escuché tal tema de tal músico y el solo de viola me pareció que eras vos, ¿eras vos?”. Y si era yo, me pongo más contento que si me dijeras que soy un buen guitarrista porque toco bien, no me interesa tocar bien o ser rápido o ser mejor que otros, me interesa ser auténtico. Saber que en las cosas que estoy haciendo tengo una identidad, eso es importante para todo en la vida.

La viola y el estilo que forjó el Tano en los años que lleva junto al instrumento es indiscutido. Tiene pasajes de ritmos de todo el mundo con una fuerte raíz criolla y tanguera, que lo llevan a manejar una locomotora rocanrolera por encima de rieles folclóricos y flamencos.

“Que algún conocido por ahí venga y me diga que reconoció mi viola en un tema me representa mucho más a que salga una revista o una encuesta diciendo que uno es el guitarrista número uno de no sé qué. Saber que sueno como quiero significa que tengo una identidad. A partir de ahí comienza la historia, amigo”, resume.

La influencia de Paco de Lucía, Juanjo Domínguez, Hendrix y Van Halen aparecen en cada estructura musical que compone o improvisa. Las rutas argentinas, su contacto con el folclore y el haber visto y escuchado música de todo el mundo lo llevan a ser uno de los violeros con más identidad sonora y rítmica  del país.

Claudio Marciello es un tipo de barrio, laburador, humilde y sencillo, agradecido de la vida, la música, su gente y la guitarra. Da shows a beneficio de los comedores de la zona en donde vive desde chico cada vez que puede y hace ensayos abiertos para devolver con gratitud la posibilidad de pasar su vida dedicándose a trabajar con lo que más le gusta en el mundo: seis cuerdas y un amplificador.

Integrantes

  • Claudio Marciello - guitarra y voz
  • Melina Marciello - batería
  • Leandro Radaelli - bajo
  • Pablo Marciello - teclados

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