HISTORIA DE VIDA

Oscar Castro: un ejemplo de superación

Un repaso extenso y profundo por la vida del reconocido violero de heavy metal. Radicado en Mar del Plata hace casi 20 años, abrió las puertas de la intimidad de su casa, habló de sus inicios en la música, su pasado en Horcas y tantas otras bandas, como también de su adicción al alcohol y la segunda oportunidad que le dio la vida. 

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Por: Maxi Ibáñez

Foto: Mara Sosti

Una vida al límite. Entre sueños, vicios, tropiezos y oportunidades. Del pibe que no podía dejarse el pelo largo por ir a un Colegio Católico y soñaba con una guitarra colgada de su hombro derecho, al que formó parte de grandes bandas de la escena nacional del Heavy Metal y cayó en las garras del alcoholismo. Del que se tuteó con la muerte y supo encontrar una salida, para volver a disfrutar de las seis cuerdas, el rock pesado, sus amigos y su familia.

Hoy los invitamos a conocer a un guitarrista histórico del metal argentino, de esas historias que nos gustan contar y que muchas veces no suelen ser tapa de ningún diario. En este mano a mano con 4MROCK, un repaso extenso, profundo y sentido por la vida de Oscar Daniel Castro.

Oscar Daniel Castro tiene 49 años (29/10/1967). Nació en Saavedra (Buenos Aires), de muy chico jugó a la pelota en River y su padre le regaló su primera guitarra cuando ya tenía a los Beatles como una compañía constante. “Nací prácticamente con un disco de los Beatles en la mano. Tenía cinco años y mi viejo los escuchaba en casa. Fui a una escuela en la que me enseñaron inglés desde primer grado hasta quinto, entendía lo que cantaba y eso me gustaba mucho”, inició la conversación.

Luego, en etapa de adolescencia, integró su primera banda: Sadismo. “Era un grupo de la escuela secundaria. Como era muy chocante el nombre y todavía estábamos en época de dictadura, nos recomendaron que lo cambiáramos y lo redujimos a Sad”, recordó.

Desde 1982, nada fue igual.

Casi a fines del 83 se abrió del proyecto y, junto a uno de sus compañeros, comenzó a gestar lo que luego sería Legión. “Cuando el metal argentino estaba empezando a surgir, nos juntamos con el baterista de Bloque (Hugo Benítez), otra banda de los inicios del género. Hugo después hizo su carrera como cantante de Horcas, Existencia, Reinará la Tempestad y Metralla. Tenía 16 años y tocaba con pibes de 24… yo con pelo corto porque iba a un Colegio Católico y estudiaba para Perito Mercantil. Mientras que los monos que me acompañaban tenían pelo largo, tomaban cerveza, fumaban porro y se vestían con campera de cuero”, soltó con cierto grado de nostalgia.

Pero a Oscar no le importaba su apariencia. Su pasión por el metal y aquellos ídolos que lo llevaron a incursionar por el género, a partir de las revistas y los discos que anhelaba comprar, pudo más. “Todavía me faltaban tres años para terminar la secundaria y”, dijo y siguió: “Una vez que se formó Legión, empezaron los cambios. Hasta que conocí a quienes luego me acompañarían en Lethal.  Con un detalle: existía Letal, sin h, hasta que en el 89 formamos la banda con el nombre que saltaría a la fama. Con Hugo Benítez en batería, Ricardo Iorio en voz, Pablo Álvarez (bajista) – que luego refundaría Lethal – y Juanchi Baleirón (actual líder de Los Pericos) en guitarra”.

EL SUEÑO DE SU PRIMER DISCO

“Estuve dos años tocando en Legión con pelo corto y yendo a la escuela a la mañana. A partir del 84 empecé a llevarme materias porque solo iba a clases para satisfacer a mi vieja. Mi viejo se había muerto en el 82 y era hijo único, así que prácticamente mandaba yo en la casa (risas). Metí ocho materias en diciembre y no repetí… en quinto año ya tocábamos muchísimo con la banda”, continuó a modo de cronología de su vida.

Una vez que terminó la secundaria, Oscar ya tenía pelo largo, en un acto de rebeldía notorio para aquellos años. “Laburé un año en un taller metalúrgico para sostener mi carrera de músico… así tenía para pagarme las cuerdas, faso y otros gastos”, dijo.

Legión, una banda con fuerte influencia de Iron Maiden y Judas Priest, duró hasta el 89. “En el 86 explotó Metállica y en el 87 llegó Megadeth, al bajista y al otro violero se les quemó la cabeza y cambiaron para ese lado. Nosotros seguíamos por el mismo camino: el metal bien cantado, con voces armonizadas. Pablo Álvarez y el Claudio ‘Yankee’ Ortiz (primo de Ariel “Wizard” Álvarez, bajista de la banda marplatense 1000 Odios) hicieron Lethal, mientras que la otra parte seguimos con Legión”, comentó Oscar.

Un problema interno en Lethal le permitió a Oscar ser tentado para grabar en el disco que estaba en camino: “Se armó una bronca bárbara conmigo que duró varios años. Al tiempo, se aclaró todo y armamos Bizarro con el baterista original de Legión y con el bajista que se había ido. No podía decirle que no a la posibilidad de grabar un disco, que por eso años era una utopía”.

Entre abril y mayo del 93, Oscar fue

telonero – con Horcas – de Motörhead y Metallica.

Por esos años había surgido el boliche Halley, un lugar que frecuentaban todos los metaleros. Edmundo Epifanio, manager de Riff, fue quien lo abrió con Roberto Ricci, que luego fue productor de Rata Blanca. Una vez conocida la separación de la sociedad, Epifanio se dedicó a editar discos de bandas como Alacrán, Lethal, JAF y tantos otros.

“El bajista de Lethal (Pablo Álvarez) se fue a Polonia y dejó en su lugar a ‘Topo’ Yañez, el actual líder de Horcas, que quedó conmigo sacando los temas para hacer el reemplazo. Sin embargo, cuando estábamos por terminar todo, Yankee – que se había ido a Horcas – habló por teléfono con el otro violero de Lethal y volvió a la banda, entonces yo me comuniqué con Topo y me fui a Horcas. Hicimos un intercambio de locos (risas)”, recordó.

ETAPA EN HORCAS

A fines de 1991, Oscar llegó a Horcas. “Lo llamé a Osvaldo Civile, nos juntamos, me dio el vinilo, saqué las canciones y quedé en la banda”, contó sobre sus comienzos en una de las bandas más reconocidas de la movida metalera, de aquellos años hasta la actualidad.

Inmediatamente, la banda comenzó a componer el disco sucesor: Oid Mortales, el grito sangrado (1992). “Osvaldo estaba pasando una etapa de alcoholismo muy mala y no hacía nada. Solo iba a la sala a tomar vino. Entonces me hice cargo de toda la composición del disco”, deslizó.

Lo que vino después fue una de las etapas más gloriosas de su carrera como músico: telonear a Motörhead en Obras y Metallica en Vélez. “Tuvimos la fortuna de conseguir una manager que organizaba una serie de eventos en Cemento junto a Omar Chabán. Así conoció al segundo de Rock and Pop (Roberto Costa), que nos abrió una puerta gigante. En ese momento, todos querían telonear a Metallica. Hermética era la banda del momento y, atrás de ellos, había un pelotón gigante haciendo fila. Lo loco fue que entre abril y mayo del 93 hicimos cuatro conciertos que en mi vida me había imaginado”, soltó con cierto grado de nostalgia.

-¿Cómo definirías esos shows que te tocó disfrutar?

-Fue algo hermoso. Cuando llegué a la cancha de Vélez y vi semejante armado… no lo podía creer. Pero estaba en el ambiente que me gustaba, estaba cumpliendo otro sueño. Pensar que yo iba a obras a ver Los Abuelos de la Nada, Riff, Serú Girán, Barón Rojo y Van Halen… y después de soñar tanto, tocar ahí… fue un flash. El sueño de todo rockero, era como jugar en la cancha de Boca para un futbolista.

A fines del 2000, Oscar debió internarse para

salir de su adicción por el alcohol.

Todo eso nos pasó con 25/26 años. Se te escapaban todos los patitos”, soltó entre un mar de risas, pero inmediatamente volvió a ponerse serio: “Ahí comenzaron los problemas porque empezamos a ganar algo de plata”.

Oscar había tocado el cielo con las manos, pero no todo continuó como esperaba. “Cuando comenzamos a pensar en el disco siguiente, surgió otro problema: la firma de las canciones: Osvaldo pensaba que tenían que aparecer los nombres de todos los integrantes, pero yo siempre defendí la postura del autor y compositor, que no tiene por qué regalarle los derechos a un amigo ni a nadie. Leía los discos de Zeppelin y los temas eran de Plant y Page… los temas de Kiss los hacían Stanley y Simmons… no los hacían los cuatro, salvo una o dos. ‘Ya que sos el líder de la banda, vas a tener que hacer los temas del nuevo disco. Yo los toco, como hice cuando llegué. ‘Demostrá que sos líder’, le dije a Osvaldo. No se le cayó una idea, se enojó conmigo y me fui de la banda, porque no quería regalarle ni una canción más”, confesó.

Lo que siguió en la vida de Oscar fue Bizarro.

TIEMPOS JODIDOS

Para mediados de los 90 la cosa cambió mucho según Oscar. “En el ambiente se tomaba mucha merca… había muy buenas ideas musicales, pero Buenos Aires era un descontrol. Se desmembraron familias, bandasde hecho, de mi generación, casi todos están muertos”, soltó con cierta cuota de tristeza.

A fines de los 90 dejó Bizarro mientras tocaba paralelamente en Orions, que en ese tiempo se llamaba SUDACA (Solo Uno De Acá Consume Agua), una banda de rock and roll. “Ahí tocaba con Alberto Barack, Horacio Bárbaro, Cacho Daria y luego sumé un bajista. Los locos tenían 15 años más que yo, eran un descontrol. Volvía del ensayo y no me dormía hasta las 7 de la mañana. La verdad, no hacíamos un carajo”, contó.

Luego surgió Azzeroth, una banda de power metal compuesta por chicos jóvenes con otra mentalidad. “Eran completamente sanos, pero yo todo lo contrario”, recordó sobre esa otra etapa de su vida, en la que se dio el gusto de tocar con Nightwish y Barón Rojo.

A fines de los 90, Oscar se planteó no tocar más. En principio, tuvo que salir a flote tras la muerte de su madre. Recientemente divorciado, un día solo en su casa mirando el techo tomó la decisión de vender su vivienda en Buenos Aires y comprar un departamento cerca de la cancha de Boca. Esta situación ayudó a que tomara la decisión de radicarse en Mar del Plata.

MAR DEL PLATA, SU NUEVO HOGAR

Haber conocido a Marcelo Eddi fue el desencadenante de la llegada de Oscar a Mar del Plata. A Jamón (falleció en 2012) lo conoció en la sala del Negro García López, mientras ensayaba con Existencia, otra de sus bandas. “El loco era de Buenos Aires, pero se había venido a vivir a Mar del Plata, donde mi vieja siempre quiso radicarse. Yo no quería saber nada de venir acá, pero me insistió tanto que me convenció. Fue al año y pico de que muriera mi vieja. Nos instalamos en la zona del Faro y me encantó. Solo volví allá a buscar unos muebles, unos discos, un Marshall con un cabezal y nada más”.

Con Jamón formó Malditos Simuladores, un grupo con marcadas raíces en el blues. “De ahí también me echaron por cachivache (risas). Sentía que el mundo estaba en contra mío, víctima de mi ego. Era un desastre, sinceramente”, recordó.

Del 2003 al 2007 vivió gracias al alquiler que le pagaban los viejos de Jamón (que vivían en su departamento en La Boca). Ahí, patinó gran parte de su dinero en alcohol. “Me la pasaba borracho, estaba perdido. Tuve otro proyecto, pero no duró nada. No me afectaba para componer canciones, porque siempre tuve facilidad para eso, pero me las olvidaba al tocar. Tampoco me dio la cabeza para ponerle un nombre”, dijo y adelantó que buena parte de esas composiciones han empezado a trascender en Chrisma, su actual grupo.

Algunas canciones de Chrisma hablan

de la esperanza que encontré en Dios”.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Corría el 2009. Oscar tuvo que tocar fondo para salir a flote. Tuvo que tutearse con la muerte para darse cuenta de que se le estaba escapando la vida. “En 2009 me estaban echando del departamento del Faro y no sabía qué hacer. Era el último día de mi vida prácticamente… estaba en la Terminal y le dije a los flacos que estaban a mi lado: ‘Llamen a una ambulancia que me siento mal’. Hacía tres días que no dormía, estaba hecho un desastre. Justo había un patrullero y se me acercaron unos policías. Les conté cómo me sentía, un poco de mi vida… y me dijeron que conocían un lugar que me podían ayudar: un centro de rehabilitación cristiano. Fue una señal”, soltó emocionado.

A Oscar no le quedó más remedio y accedió a aquello que le habían recomendado. “Ya había probado todo lo malo, no tenía otra opción. Estuve un año y me cambió la cabeza por completo. Renací. Internado, me di cuenta todo el tiempo que había perdido por culpa del alcohol”, dijo sobre su estadía en el hogar “Un encuentro con Dios”, ubicado en el barrio Parque Palermo.

CHRISMA, SU ACTUAL PROYECTO 

Después de un paso fugaz, pero no intrascendente, por Morwen, y un par de meses al lado de Silvia Abalos, una cantante lírica “muy buena de Mar del Plata”, Oscar tomó la decisión de abocarse exclusivamente a Chrisma. “Mi familia y mi trabajo me requieren tiempo, y en el orden de prioridades de mi vida, están mi hijo de cuatro años y mi mujer. De la música no vivo, tampoco aspiro a eso”, precisó.

A Chrisma lo armó a fines del 2011. “Surgió porque Malditos Simuladores me volvió a convocar como guitarrista. Estuve cinco o seis meses, empecé a componer otras cosas, no encajaba con Jamón y me volví a abrir, pero se me pegaron el bajista y el batero”, acotó.

Luego convocó a Nano, actual cantante de Morwen, que por ese entonces era el único cantante que estaba en el rango de voz de lo que pretendía. “Empezamos a ensayar, componer y después pasó lo mismo de siempre: cambié un montón de músicos (muchas risas), hasta de cantante: ahora, en el disco que estamos terminando, está Emiliano Bayless, un pibe con un talento bárbaro, de 26 años”, comentó y destacó que al disco comenzaron a grabarlo dos años atrás en Buenos Aires, en el estudio de Jorge Moreno, el violero que tocaba con él en “Reinará la Tempestad” (actualmente la banda está separada).

Oscar siempre priorizó las melodías de las canciones, no así las letras. “Lo que diga la poesía es relativo. Algunos dicen que el heavy metal tiene que dar un mensaje contestatario. Yo me pregunto: ¿por qué? ¿Por qué no puede hablar de amor, contar una fantasía o un cuento? Si grandes exponentes del rock lo han hecho… hasta Deep Purple en ‘Smoke on the water’. Chrisma apunta a eso, a que las letras sean libres”, dice.

Sin embargo, en sus últimas canciones, se ha hecho muy presente su etapa de recuperación: “Algunas canciones hablan de la esperanza que encontré en Dios. Lo cuento, no como fanático, sino para dejar en claro que existe una salida. No quiero convencerte de nada, pero sí contarte que hay una opción. Muchos de nosotros encontramos esta salida porque la muerte nos estaba  golpeando la puerta. Porque no nos quedaba otra. Este Centro de Rehabilitación Cristiano me salvó la vida, entonces, tengo la obligación de contarlo”.

Hace seis años, Oscar trabaja como

casero en el predio de Talleres FC.

LEJOS DEL RUIDO DE LA CIUDAD

Todas las mañanas son iguales: lindas, novedosas y especiales. Oscar toma como propia aquella frase que Pappo inmortalizó en Sucio y Desprolijo. Cada despertar en su casa del barrio Las Heras es único.

Hace seis años que cuida el predio que Talleres tiene en Mario Bravo y Rufino Inda. Un lugar de inspiración, lejos del ruido de la ciudad. 

-¿Cómo se te dio esta oportunidad?

-Cuando trabajaba en el supermercado Toledo de seguridad, en un cumpleaños familiar, quien era la suegra de mi cuñado, me contó que en el predio de Talleres necesitaban un casero. Me preguntó si me interesaba y yo, sinceramente, no sabía dónde quedaba. No me seducía mucho la idea de quedarme ahí, pero por otra parte el fútbol siempre me gustó mucho. De chiquito jugué en River y después, en la secundaria, los torneos intercolegiales.

Para arreglar con Talleres, primero tuvo que convencer a su mujer. “Vivíamos en Olazábal y Alberti. Teníamos todo cerca. Acá, todo lo contrario. Sin embargo, el aire puro, estar alejado de la ciudad, nos encantó”, confesó.

Su familia, sin dudas, ha sido un sostén importantísimo en su vida. Padre de Mateo (4) y Nicole (23), esposo de Karina. “Tomás, mi otro hijo, falleció hace dos años. Tenía 20 años y sufrió un accidente terrible en moto”, lamentó.

Espero que Mateo me salga cantante, sería un sueño compartir una banda con él”, soltó y agregó: “También tengo tres sobrinos que son bateristas. Uno de ellos integra Vinator, que nos acompañará en la fecha que organizaremos el 6 de enero en Vinoteca, junto con Caravaca y Trimotor. Los otros son Leo De Cecco (Attaque 77)  y el otro toca en Trauma, otra banda de Mar del Plata. “Ninguno me salió violero (risas)”, concluyó.