ENTREVISTA

Ramiro Maspes: la producción como estilo de vida

Mano a mano con uno de los referentes de la nueva camada de productores de Mar del Plata. Sus inicios en el mundo de la murga, su llegada al rock y una definición clave: “Somos los hombres invisibles de los recitales”.

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Por: Maxi Ibañez

Foto: Mara Sosti

Ramiro Maspes tiene 29 años y hace más de una década que está ligado al mundo de la producción de espectáculos, no solo relacionado al rock. A los 13 ya participaba de un grupo de murga/teatro con el que guionó una obra de teatro en Argentores y participó durante tres ciclos de “Teatro por la Identidad”. Ahí nació todo.

Rama – como le dicen sus amigos más cercanos, incluso quienes forman parte de la movida del rock en Mar del Plata – es la cara visible de RelacionArte Producciones, una productora que dio su puntapié inicial en Tandil y luego se mudó a Mar del Plata, desde donde hoy en día genera sus nuevas propuestas y piensa en grande.

A solas con 4MROCK, el joven pero experimentado productor – que se dio el lujo de trabajar en las primeras producciones del Indio Solari en Tandil y hoy en día sueña con producir un Festival de envergadura en su ciudad natal – habló de todo. Desde el rol que cumple, las críticas que reciben siendo “un mal necesario” y las cosas que no se ven para que un show salga lo mejor posible. Un soñador incansable.

Rama tenía 14 años cuando ya cumplía a rascatabla las tareas que le asignaban en el grupo de murga/teatro “De Queruza la Merluza” al que asistía diariamente. “Hacía tareas de logística, no muy importantes, pero que me motivaban mucho”, recordó al inicio de la conversación, acompañado por su mujer Lara y su pequeño hijo León.

-¿Cómo nació esa pasión por la murga? 

-De un anhelo de la infancia que nunca supe de dónde salió. A los tres años ya decía que quería ser murguero. Mi vieja se enroscó, buscó grupos como “De Queruza la Merluza” y ahí arranqué. Primero fui mascota, aprendí a bailar, después a tocar algún instrumento y en el camino fui generando otras cosas. Ni siquiera tenía a un primo o un amigo murguero, en definitiva, no conocía a nadie del movimiento. Con el tiempo empecé a hacer distintos talleres y me hice de varios amigos. A los tres o cuatro años ya era el ayudante del Director de la Murga.

-¿Y el rock? 

-Casi en paralelo. Al mismo tiempo tenía amigos rockeros, incluso mi hermano que se había ido a vivir a otro país. Uno de sus amigos era músico de una banda muy conocida de Mar del Plata como Descarrilados“Che hace falta hacer esto”, lo hacía yo. “¿Quién puede encargarse de esto?”, lo hacía yo. Como estaba al pedo (risas) y era del barrio, nunca decía que no. Comencé como plomo y ahí me despertó el bicho del rock. Es más, durante los 10 años de la banda estuve con ellos, no siempre estable, pero sí en un 80% de los shows. Acá o cuando nos íbamos de gira. Por ellos conocí gente muy grosa de verdad. Nunca un mango: solo el pancho y la coca. No iba en busca en la moneda.

-¿Te acordás de algún show en especial? 

-Tengo tres recuerdos grandes entre muchos otros. La primera que recuerdo es la gira que hicimos por el sur argentino (Cipolletti, Neuquén y Allen), que si bien no fue masiva, significó mucho trabajo. La responsabilidad de tener un rol dentro de la banda y tratar de que todo salga bien no era tarea sencilla. La segunda, cuando fuimos soportes de La Renga en General Rodríguez (en el festival Maldito Rock) y, la tercera, la presentación del segundo disco “Gritando entre los sordos” en Abbey Road. Ahí sí tuve que hacer de todo. Lamentablemente tuve un siniestro familiar y solo pude estar en toda la previa del show, cuando se abrió la puerta me tuve que ir. Me acuerdo que trabajamos como nunca, varios meses, y metimos como 700 personas. De hecho, ya no existen bandas de acá que metan tanta gente como los chicos.

“La verdadera crítica está en la calle”.

 

Su llegada a la producción de eventos también tuvo que ver con su ingreso a la carrera de Comunicación Social. “Tuve un programa en la radio FM D-Rock del genio de Fabián Spampinato. El programa se llamaba ‘El Sótano’ y Descarrilados le hizo la cortina musical, es más, fue uno de los hits de su segundo disco”, deslizó.

Sin embargo, a los 19 años se fue a vivir a Tandil y todo comenzó a encaminarse. “Un amigo me hizo escuchar un tema de rap que estaba sampleado con una canción de Sandro, una cosa muy loca. Sin querer, terminamos generando un grupo de raperos que se llamaba ‘Pueblo Unido’. Los grabamos en un estudio, hicimos un recital y trajimos a un artista de renombre como Ali Aka Mind Esa fue mi primera producción profesional y con la que nació RelacionArte Producciones, aproximadamente ocho o nueve años atrás”, reflexionó Rama.

En Tandil vivió seis años pero, a su vez, estuvo casi dos años de viaje. Al volver a la ciudad serrana – según cuenta – hizo un click. “Entendí la producción desde otro plano, por eso aposté a volver a Mar del Plata. Acá hice base de vuelta luego de estar casi un año totalmente desapegado a la organización. Un día me crucé con un amigo, el cantante de ‘La Furia de Petruza’, y me dijo que teníamos que hacer algo. Ese algo fue una Gira Nacional y la primera participación de la banda en Cosquín Rock (fue en el escenario temático de rock)”, comentó el entrevistado.

A los meses lo llamaron de OnPlay para trabajar en distintas producciones y así volvió al ruedo con todo: “De todos modos, seguía haciendo algunas cositas con RelacionArte Producciones siempre de manera independiente”.

En todo este tiempo, Rama laburó y produjo a cientos de bandas como Las Pastillas del Abuelo, Eruca Sativa, El Bordo, Científicos del Palo, El Mató a un Policía Motorizado, El Plan de la Mariposa, C4, Edu Smith, entre tantos otros. También se dio el lujo de trabajar con producciones internacionales como Molotov y Zona Ganjah. Además, haciendo cosas que nada tienen que ver con el rock como Playground Disney en conjunto con NA Producciones.

“Lamentablemente hay muchos

mercenarios de la música”.

EL ROL DEL PRODUCTOR 

Rama – que a la vez se encuentra a cargo de las Salas San Pugliese (Juana Manso 55) – tiene en claro que “la preproducción varía según la cantidad de gente que asistirá al show” y enfatiza que “hay diferentes productores y escalafones de producciones, como en todos los trabajos”.

-¿Podrías ejemplificar? 

-En mi caso, realizo tres tareas claves: la logística (organización previa, desde conseguir un hotel hasta dónde van a comer los músicos), la administración y la producción de campo (estar todo el día en el escenario, hasta que sacamos el último tornillo del escenario).

-Los productores suelen ser criticados…

-Hay que diferenciar una cosa: yo siempre estoy en el medio. Entre un productor grande y un artista o entre el bolichero y el artista.  Sin embargo, a los que les da placer salir a contar de más lo que hacen, inventar cosas o sacar un mango aparte, yo los llamo mercenarios de la música y lamentablemente hay muchos. Con tal de hacer un mango de más no les importa presentar una banda tributo que lee los temas adelante de la gente.

“Reconozco que estamos muy acostumbrados a vender humo porque tenemos que entrar en una competencia insalubre con otra gente, pero también sé que lamentablemente, terminamos siendo un mal necesario – continuó Rama –. No podría hacer mi trabajo si no hubiese aprendido del trabajo independiente de las bandas”.

-¿Qué ves de las bandas de la actualidad?

-Me doy cuenta que las bandas hoy, en su gran mayoría, tienen que tener este apoyo porque a veces no saben adónde ir o se quedan en la comodidad. Somos los malos de la película: somos los que estamos atrás de todo en todo momento. Yo me peleo con las bandas, con los bolicheros, hasta con el que hace las entradas porque no las entrega en el tiempo justo (risas), pero es lo que me gusta y lo que más disfruto. Es acá donde difiero con muchos colegas que lo hacen por la guita, la película de la música u otras cosas. Insisto: yo lo hago porque me gusta y porque tomé la decisión de ser productor. No dejé una carrera universitaria por capricho, sino porque estando encargado del sector de cantinas en el show del Indio Solari, trabajando 14 horas terminaba el día sintiéndome de una manera que me gratificaba más que haber estado seis horas escuchando a los profesores.

-¿Cómo definís el trabajo de un productor?

-Somos los hombres invisibles de los recitales. Podés pasar entremedio de la gente y que nadie te mire ni te conozca. Nadie te pedirá un autógrafo ni te felicitará si salió bien un show, pero nada más lindo que pararte en la vereda después del show y escuchar ‘qué bien salió el show’. Ahí está la verdadera crítica, en la calle. Hago esto, no solo porque es la manera que tengo para generar ingresos a mi familia, sino porque es un estilo de vida.

“Los productores terminamos

siendo un mal necesario”. 

Rama es la cabeza de XXI Bandas, un proyecto que durante 2017 tuvo varias sesiones en UC Dadson Studios. Por ahí pasaron distintas bandas de la movida del rock de Mar del Plata, donde no solo tocaron y fueron grabadas, sino también fueron entrevistadas (la avanti premiere se vio a fines de diciembre en El Paso Club).

Se intentó generar un espacio de encuentro entre las bandas locales y que el ambiente de la música marplatense conozca tanto las virtudes del estudio/instituto como los servicios que brindan las marcas invitadas y la productora que lo genera. Además de proyectar una trascendencia de los materiales capturados en la obra a realizar generando un material de gran valor cultural local”, sintetizó Rama.

“MAR DEL PLATA NO SE COPARÍA CON UN LA FELIZ ROCK” 

-¿Por qué Mar del Plata no tiene un festival de la envergadura de Cosquín o Baradero? 

-En primera instancia, porque no les redituable a la mayoría de los que puedan hacerlo. Hay una talla de productoras, como NA y OnPlay, que tranquilamente podrían hacerlo. Por otro lado, creo que tiene que ver propiamente con la locación. Mar del Plata no se coparía con un La Feliz Rock. Supongamos que se hace en el Polideportivo Islas Malvinas, el vecino de la zona ya no quiere tener gente acampando y, a la vez, no sé si hay bandas que se muevan acá para poder apoyar la iniciativa. La muestra más sencilla fue el Festival Cultura Rock, que podría o puede ser una semilla, pero no tuvo la aceptación ni siquiera saliendo gratis. Si me pongo del lado del productor, conviene más traer a Las Pastillas del Abuelo y La Beriso a un lugar cerrado, o desde el lado de la Provincia, encarar Acercarte y que Dread Mar I llene Parque Camet.

Sin dudas, la experiencia que cosechó junto a las producciones del Indio Solari en Tandil, contratado por Chacal Producciones. “Uno de los empleados de rango siempre me decía que, se gane o se pierda, siempre se brinda con champagne. Porque si perdiste, aprendiste; y si ganaste, pudiste dar el paso en el escalón sin caerte”, dijo.

-¿Esa experiencia fue de las más importantes en tu profesión?

-Hice cosas muy grosas que me sorprendieron a mi mismo. Estuve en los primeros recitales del Indio en Tandil, fue algo muy groso en términos personales. Haber trabajado en Cosquín Rock también fue genial. Interactuar con artistas de una talle gigante, como Skay, y charlar de par a par, no me las sacará nadie. Que en mi sala de ensayo esté colocado un souvenir que me regalaron los chicos de Molotov. Ver 1000 personas en GAP alentando a Don Lunfardo y el Señor Otario, sabiendo que toda la coordinación del show fue mía, 6000 personas bailando en Arena Beach y saber que si yo no prendía esa luz, nadie estaría moviendo la cabeza de esa manera… y tantas otras cosas. Todas esas experiencias no me las puede quitar nadie.

-¿Te queda algún sueño cumplir? 

-Vivir dignamente de lo que me gusta y poder gestionar un espacio de exposición para las bandas locales o de alcance nacional, en ascenso o consagradas, como lo ha generado Cosquín Rock o Baradero Rock. Es decir, lograr ser la cabeza de un megaevento.


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